Homenaje a Chile 2011

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

El sacrificio, fuente primordial de la vida nacional, encuentra en las fiestas populares de fin de año un descanso, una luz y en último caso, un premio. El Chile trabajador, ese al que la flexibilidad laboral le cagó la psiquis, expresa entre navidad y año nuevo toda su afectividad oculta por esa autocensura cotidiana, que omite la expresión de los sentimientos de cansancio y de dolor, en virtud de salvaguardar a la familia, de cuidar a los niños, y de proteger la economía del hogar. En navidad, en ese discurso de año nuevo, en ese trago nostálgico de media noche, el ambiente permite que las lágrimas del esfuerzo, y el dolor ante tanto trabajo, se vea gratificado en la sonrisa de los niños disfrazados de Batman, engalanados en su mountain bike nueva, o en la última Rosalba.

Las fiestas de fin de año tienen, en este Chile fundamentado en el consumo, algo de tristeza, y mucho de nostalgia y reflexión. Ante todo, de reflexión. El Chile que cada mañana viaja agobiado en un Transantiago que augura ocho horas de trabajo, sin contar las horas extras, da en el champañazo, y en la recepción de los vecinos que vienen a saludar, un espacio para preguntarse por qué, para qué, y hasta cuándo. Y en ese espacio es donde la afectividad deslumbrante de la cultura chilena se desata, y entre lágrimas y felicitaciones, el recuento del año invoca a qué hemos hecho, y si esa entrega casi esclava al sistema laboral, tiene sentido.

En esa atmósfera es que la sobremesa de las fiestas, que cierran la cortina de este 2011, tiene un aura especial. Las sobremesas de navidad y año nuevo 2011 tienen hoy un carácter histórico, y constituyen un paradigma generacional. Las nuevas familias jóvenes, que hacen crecer a su gente en el concierto de un sistema laboral insensible, son las que hoy conversan, entre ponche y pan de pascua, los temas que guiarán el futuro de nuestra patria. Reforma tributaria, educación pública gratuita, fin del binominal y una nueva constitución, son temas obligados en la mesa o el asao.Y ese es el mayor triunfo social de las movilizaciones que azotaron a Chile durante 2011, maravilloso año en que la búsqueda de la justicia social se instaló para siempre entre los explotados.

Amor por la vida
Amor por la vida

¿Vale la pena encalillarse en 24 cuotas para tener el mejor plasma de la cuadra? ¿O es más importante saludar al vecino, porque la unidad es lo único que tenemos? Esa reflexión se tomó los barrios en estas galas chilenas de fin de año. El análisis en torno al concepto del sacrificio, más allá de su virtud como baluarte del amor familiar, aparece con fuerza inusitada.

Entre las fiestas, las piscolas, los abrazos y el viejito pascuero, hoy Chile reflexiona en torno al para dónde vamos, y al en qué país queremos vivir. Y las conclusiones se repiten desde Tocopilla hasta Punta Arenas, y desde La Granja hasta La Reina: El Chile del crédito desquiciado, de la ambición descontrolada, y del consumo esquizofrénico, ya no sirve para sustentar nuestro amor. Porque hizo de nuestro amor al prójimo un amor sufrido, tortuoso y colmado de dolor. La conclusión de este nuevo Chile consciente, entre los múltiples “que se te cumplan todos tus deseos”, es que queremos cuidar nuestro amor. Nuestro amor al pobre, nuestro amor al vecino, nuestro amor a la familia, al hijo, al compañero de trabajo.

No es un fetiche eso de que Chile cambió, es la más profunda reflexión de un pueblo sacrificado, cuyas señoras vestidas de gala en las poblaciones, tienen claro que hoy tenemos mucho que celebrar. Celebrar que el amor que justifica nuestra unión como país, ha renacido para hacer de Chile cada día una patria más justa, unida y solidaria.

Felices fiestas, pueblo hermoso.

Con cariño de Los Vásquez:

 

Con cariño de Noesnalaferia:

 

 




1 comentario sobre “Homenaje a Chile 2011”


  1. me pregunto si será tan así que chile cambió tan para bien, en el sentido de una conciencia del deber de cambiar la cultura y la idiosincracia con vistas a mayor justicia, equidad, etcétera. quizás la contingencia hable en favor de grandes cambios (por muy lejos que todavía vengan), pero dudo mucho que en 1 año las “cosas”, a nivel de ideología general, alcancen mucho progreso. sí, se ve venir sin duda, pero por dios que falta harto.

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