Homenaje a Jorge González o el hombre que nos hace corear himnos sociales

por Arolas Uribe

Sobre Arolas Uribe

Cada hit de Los Prisioneros es una columna de opinión sobre los sórdidos pilares de esta sociedad: “Esos juegos al final terminaron para otros con laureles y futuros y dejaron a mis amigos pateando piedras”, una descripción de la pobre educación chilena en “El Baile de los que sobran”; “El caso es que mi papá debe pegarle a tu papá porque en la mesa no cabemos todos”, una imagen del motor del egoísmo capitalista y la competencia descarnada en “Quieren Dinero” o sobre el paternalismo imperialista en “Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”: “Somos un pueblito tan simpático que todos nos ayudan si se trata de un conflicto armado, pero esa misma cantidad de oro la podrían dar para encontrar la solución definitiva al hambre”.

La lista es larga y vale la pena el análisis de cada una, porque las mejores composiciones de González surgen de su rabia e impotencia de chiquillo de la Gran Avenida, desmenuzando un contexto que le fue adverso. Toda la crítica social de sus canciones le nació en las tripas y de ahí desembocaron en su pluma. Sus canciones las parió con el mismo descontento que permitió esta agitación social que muchos llaman la primavera chilena.

Gran Avenida
Gran Avenida

Porque Jorge González es de los artistas que usa su obra como herramienta política, porque aprovecha su tribuna para decir algo, mientras hace que la gente salte y mueva los pies. Es un dos por uno. Y a mucha gente le molesta y le pica que un artista sea políticamente incorrecto, que se cague en Edwards y le diga ladrón al ladrón del presidente. Porque estamos en la era del arte aséptico, en que ojalá una canción o un cuadro no digan nada ni molesten a nadie, ojalá que sea vacío y sólo para entendidos, que sea de alta costura y no para el pueblo. Entonces bailan con Los Prisioneros, pero no se tragan al Jorge González que critica al curita con el sermón.

Se caga en él
Se caga en él

A mí me gusta Jorge González, me gusta que alguien con tanta convocatoria diga cosas que también pienso, pero que por ser una pobre pelagata sin tribuna masiva e inmersa en una democracia pobre, no puedo hacer valer. Me gusta que tenga la rudeza de hacer callar a un cuico pasado a caca con un “cállate conchatumadre”. Me gusta ir a sus recitales y ver cómo hasta los vendedores y los guardias se saben La Voz de los 80. Me gusta ver niños de diez años cantando “El Baile de los que Sobran”, aunque la imagen –sobre todo en esta coyuntura- es desgarradora.

 

Porque sus canciones son himnos, íconos de generaciones iracundas, desconformes, biológicamente rebeldes. Es un indignado más allá de la pose, es un indignado que le duele el mundo y esa pena y ese dolor no se lo puede despegar de la piel. Por eso no es gratuito que haga versiones de Víctor  Jara o Violeta Parra, porque le pesa lo mismo que le pesaba a ellos, porque sabe que desde los años de esos compositores a los nuestros, la cosa no ha cambiado tanto y todavía se puede cantar “Arauco Tiene Una Pena” y ser atingente.

Por eso le agradece a Camila Vallejo y Giorgio Jackson en sus conciertos, porque igual que Mauricio Redolés, prefiere el caos a esta realidad tan charcha. Porque Jorge González tiene rabia, es un resentido social. Y yo le hago el aguante porque también lo soy.

Resentido con justa razón
Resentido con justa razón

 




4 comentarios sobre “Homenaje a Jorge González o el hombre que nos hace corear himnos sociales”


  1. Este loco me pareció el único rockero de Chile…solo eso. Lo vi y escuché en el recital del Abrazo al cual fui en el 2010. Lo que me llamó la atención fué que solo Cordera (argentino de la Bersuit) dijera algo de los mapuches. Lucibel y La ley apestan de verdad…hermoso poder haber visto a Los Jaivas!!! me hubiera gustado ver a Los tres, pero no se dio

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