Homenaje a la catequesis, una especie en extinción

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

La religión no pasa por su mejor momento en Chile. Mientras en TVN pasan comerciales de un estafador que ofrece aceites divinos para engañar a la gente pobre que aún preserva la fe, los católicos podría caer a sólo un 60% en el Censo charchamente realizado este año. Por otro lado, los evangélicos de la ultra atacan a destajo a las minorías sexuales, a los derechos de la mujer y no comprenden que los movimientos sociales responden a la profunda desigualdad en que vive el país.

Atrás quedaron los años mozos de Jesús, María y José. ¡Oh, qué lugar en la memoria tendrán tantas tardes calurosas de diciembre rezando el rosario en el mes de María! Con flores amarillas, la adoraban. ¡Oh, qué lugar en la memoria tendrán las películas de semana santa que paralizaban al país al son de esas trompetas que daban miedo, con una empanada de atún en la mano!.

Sin, embargo ninguna abominación de Karadima o del obispo de Iquique borrarán de las bibliotecas de los hogares más humildes ese díptico del Señor abierto para llenar de paz el living-comedor. Como tampoco, la crueldad moral del Opus Dei y Los Legionarios podrá contra la actividad religiosa-cultural más importante en la vida del cabro chico de antaño, nacido antes de 1990: La catequesis (acto de instruir), también conocida como Catecismo (el libro que instruye).

En los tiempos del padre Fresno y el Cardenal del Pueblo (Raúl Silva Henríquez), ir a catequesis era una actividad más de la agenda, entre jugar a la pelota, a las bolitas, al trompo, o ir al persa acompañando a la mamá.

Se llegaba a la capilla del barrio, generalmente tarde y en plena edad púber, saludando fervorosamente a las compañeras, que ya asomaban sus frescos atributos femeninos. En medio del análisis del Padre Nuestro y la fábula del Buen Samaritano, se cruzaban miradas y tiernos trece treces, los que se extendían hacia el final de la clase, en plena organización de la completada.

Integridad.
Integridad.

A los dos meses de clase sabatina, ya te sabías la canción más emocionante de la historia y la que más acerca a Dios antes de los 20 años. Esa cuyo coro dice “Hoy señor, me llamas tú, con mis manos y mi voz”.

A la altura de junio, cuando ya estabas pinchando con una de las quinceañeras, tocaba organizar “la fiesta” con bebida y el visionado de cine (Shrek o La era del hielo), donde un beso cuneteado concretaba el amor infanto-juvenil.

Una vez consumado el romance, el interés por seguir yendo a clases disminuía exponencialmente. De los 20 que empezaron en marzo, quedan siete y la paja se ha incrementado drásticamente, con la edad del pavo imperando en plenitud.

El grueso libro blanco donado por el Arzobispado para inducirnos en la fe se llena de polvo sobre el velador, con el desafiante Credo en la contraportada. Ese credo, cuya recitación de memoria era como hacer la tesis, quedaba para otra oportunidad. La confirmación no iba a poder ser.

Memoria de título.
Memoria de título.

Y en honor al legado del presidente Frei Ruiz-Tagle (decretó la libertad de culto) tampoco dejaremos fuera a la versión metodista pentecostal del catecismo: la Escuela Dominical, efectuada a las 10 AM de cada último día de la semana, generalmente en el sector del segundo piso dedicado al coro. Con pelo largo y falta bajo la rodilla para las damas;  y buzo sport o terno para los varones, se aprendía a cantar, orar, tocar charango y ungir.

En los tiempos que corren, donde impera el mercado, a los 15 años la mayoría de los niños ya viven casi como adultos, con acceso al consumo de lo que les plazca y lejos de escuelas de formación moral, cívica o política. Como muy bien dijo el ídolo popular Marco Antonio Solís ¿A dónde iremos a parar?

¡Cristo vive en lxs que luchan!

 

 

 




6 comentarios sobre “Homenaje a la catequesis, una especie en extinción”


  1. Me pongo de pie ante tan magno (MAGNÍSIMO) texto. Nunca fui a catequesis pero igual en mi colegio me hacían cantar esas canciones de Dios, mi favorita era el Himno del Misionero (llevamé [sic] donde los hombres / necesiten tus palabras / necesiten tus ganas de viviiir).

    Por cierto, homenaje eterno también -y sé que el autor del texto concordará- a las señoras del video. ¿Qué están tomando? ¿Champán? ¿Jugo de manzana?

    Y para finalizar, quiero comentar que cuando chico esa imagen de Jesús que ilustra este artículo (que yo pensaba que era una foto, ALGUIEN LE HABÍA SACADO UNA FOTO A JESÚS) me hacía recagar de miedo, por alguna razón me imaginaba que se iba a salir de ahí y se iba a aparecer frente a mí.

    Por el mismo motivo también me daban miedo las iglesias, porque eran “la casa de Dios”. Máxime si habían figuras de santos atravesados por flechas.

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    • hueón, yo también alucinaba con el himno del misionero en catequesis.
      en la misa, mi canción favorita era esa que después uno se da cuenta que era un plagio descarado a The Sound of Silence:
      “oh señooor…
      ten piedaaaad…
      de no-so-o-tros…”
      y en clases de religión de enseñanza básica, el clásico indiscutido: “a edificar la iglesia, a edificar la iglesia del señooor” (pantomimas)

      puta que me da rabia ser ateo, el catolicismo es tan folclórico

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  2. agregar que cada día las iglesias hacen catequesis pa cabros más chicos, en mis tiempos 10-12 años era como lo más chico, lo normal eran como de 13 años, hoy ya hacen la weá cabros como de 8-9 años.

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  3. Homenaje a las misas en la catedral de San Bernardo, donde cada colegio mandaba una delegación de estudiantes bien pinteados (con vestón y guantes blancos), caminando por las céntricas calles de la ciudad portando el glorioso estandarte de la institución.

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