Homenaje a las minas pizpiriguas

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Marko Marinkovic, Dios popular, precursor nacional de la revalorización de los refranes de barrio, es el ideólogo de una de los conceptos más precisos para referirse a un clásico tipo de mina chilena: las pizpiriguas.

Corría enero de 2005, y el reality de Canal 13 La Granja volvía a poner en primera plana nacional a los personajes participantes del encierro, después del revolucionario éxito de Protagonistas de la Fama. En La Granja, las figuras destacaban por todos lados. Desde el sátrapa Arturo Longton, simpático a partir de su flojera al punto de patán, hasta el casi esquizofrénico Gonzalo Egas conformaban los dos bandos de la competencia ambientada en la clásica casona de Pirque.

Sin embargo, la atención del pueblo no estaba puesta en ninguno de estos líderes, sino en el consejero personal de Longton, don Marko Marinkovic, quien a base de talla tras talla, se iba convirtiendo en mito de la nación.

Frases como “me pegué tremendo speeds”, “hay que matar una chimoltrufia pa’ un consomé” y “en el barrio me dicen lomo de primer corte” hacían explotar al joven Longton, a quien no no le quedaba más que admirar la sabiduría inagotable de este ex conductor de micros, quien debiese ser orgullo de la colonia yugoslava.

Pero la mejor palabra usada por Marinkovic, la que quedó en el imaginario colectivo hasta nuestros días, es la bella y distinguida “pizpirigua”. Marko la usó para referirse a Marcela, entonces la pinche de Alex Gerhard, a la postre finalista del programa. Marcela cumplía todas las condiciones de un “pihpi”: Cabra chica, revoltosa, florerito de mesa y colorienta. Esto molestaba mucho a Marko, ya que no toleraba tener roces con “así una pimienta”.

En todo caso, es necesario aclarar que hay dos tipos de pizpirigua: la engreída que cae mal, y la que es agradable alma de la fiesta. En todos los cursos de colegio, universidades y lugares de trabajo, hay una. Búscala, entiéndela, aprovéchala y disfruta de su energía, pues poseen un aura revitalizadora que ni el mejor conjuro de Pedro Engel podría provocar.

Pero ojo con los conflictos, ya que las malas versiones de las “Pihpi” generalmente traen peleas de por medio, debido a su incontrolable presencia en todas partes, generando resquemores de parte de las minas envidiosas, mayoría nacional.

Viva Chile. Viva Marko Marinkovic. Vivan los trabajadores. Pronto seguiremos honrando su vida y obra, con un especial de sus peleas con Vicky Lissidini y Gonzalo Egas.

Los invitamos a complementar el texto con las siguientes imágenes de apoyo (ojo con el gesto técnico de Marko para describir a las pizpiriguas, en la primera frase)




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