Homenaje a las señoras que venden productos Avon

por noesnalaferia

Sobre noesnalaferia

Los gritos se repiten hasta el hartazgo. Las entonaciones de “¡señora María!” fluctúan una y otra vez ante la infructuosa respuesta de la dueña de casa. El cobro reiterado ante la “mala paga” de una de sus clientas es uno de los mayores problemas y a la vez una de las mayores riquezas populares de las señoras que desarrollan una de las actividades noventeras más bellas de Chile: vender productos Avon.

No hay villa nacional que no cuente por lo menos con una vendedora, a quien llaman estilosamente CONSEJERA (cual estudiante de la Chile ante la Fech), quien reparte mes a mes a sus señoras amigas los libritos de las “CAMPAÑAS”, que traen en su interior todas las novedades textiles y cosméticas de la compañía norteamericana, vestidas por vistosos modelos que más tarde saltan a la fama. Es así­ como estos libritos que abundan en las urbes periféricas lanzaron al estrellato televisivo al hoy concejal Patricio Laguna y a Carla Ochoa.

El impacto que Avon provoca en las familias no es menor. El libro con las ofertas estéticas del mes adquiere gran importancia en el seno íntimo del matrimonio, generando peleas conyugales, mientras los púberes hijos utilizan la campaña de lencería para experimentar sus primeras masturbaciones.

Señora con altas probabilidades de haber sido consejera Avon

Acompañar a la mamá a pagar a escondidas la cuota a la consejera, quien vive a no más de dos pasajes, es una actividad común para un niño que bordea la primera década de edad. Las consejeras se abanderan a muerte con la empresa y adquieren un lenguaje institucional, que cuenta con innumerables léxicos anglosajones, ya que los perfumes llevan notables nombres como “earth”, “eternal magic” y “today love”.

Señora con altas probabilidades de comprar productos Avon

Sin embargo, hay unos grandes perdedores con la presencia de Avon en la vida popular. Se trata de los hijos de amigas de consejeras, quienes en cada cumpleaños reciben calzoncillos, calcetines o perfumes con aroma a viejo decrépito, tipo “Wild Country”.

Avon está enclavado en el corazón de las señoras populares bacanes, que visten con polar sin mangas y juegan a las máquinas. Sin embargo, la actividad ha decaído y sus productos hasta están comenzando a ser discriminados y desplazados por otras compañas que encuentran cabida en comunas como Ñuñoa o Peñalolén alto: se trata de Ebbel, la amenaza principal del reinado de las señoras Avon, nombre que por lo demás, honra a la ciudad natal de William Shakespeare.

Lencería Avon para masturbaciones sub-15



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