Homenaje a llevar comida de la mamá a la pega o a la U

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Todo se puede perder, y la vida sigue igual, en la casa de una mamá que prepara religiosamente el almuerzo a sus hijos, para que lleven al día siguiente al lugar de estudios o trabajo. Todo, menos el pote de comida, también llamado en algunos hogares “porongo”; contenedores no sólo de las calorías y carbohidratos que proporcionarán energía a las niñas y muchachos que han salido temprano, sino también de una dedicación de horas pensando en qué voy a cocinar hoy. Tortuosa e indeseada preocupación, mientras los besos de teleseries se repiten mecánicamente en un televisor encendido todo el día como si una ley municipal lo hubiera impuesto. Besos que aunque los personajes ya no se distingan de tanto haber visto a los actores, lamentablemente no se pueden ver tranquila, pensando en qué diablos van a llevar éstos mañana.

Cuando este artículo de plástico, el pote, se pierde por enésima vez en el año, las señoras sufren en su corazón todo el peso del desaire y la despreocupación. Es el amor de madre abnegada -que a las cinco de la tarde no tiene aflicción mayor que buscar en el cosmos de su mente la salsa que acompañará a las vienesas de los martes- el que ha sido menospreciado en el extravío. ¿Hasta cuándo el Checho, el Nano y el Héctor piensan regalar, en la eternidad de la ciudad, cubos que con sus restos de porotos contienen el alma creativa de magas cansadas de ver el mundo a través de un tallarín? Infames sean los oportunistas que se los apropiaron y que se atrevieron a dar el agua de quién sabe qué lavaplatos cómplice, con el siniestro propósito de acabar con los últimos trocitos de zanahoria. Trocitos que, con su naranjo incólume hasta el final, se niegan permitir tal oprobio hacia la mujer explotada que les dio dignidad convirtiendo su simple condición de verdura en sazón.

Cobardes los ladrones de oficina que llegan y sacan del refrigerador de la empresa lo primero que pillan con olor a casa bien constituida, o más bien a cariño bien constituido, sin calcular el cacho que provocan en el seno de una familia a las ocho de la noche, cuando el odio al porongo, o a los causantes de su pérdida, se desata sin reparar en consecuencias. Estudios de adolescentes urgidos por pasar de curso, o primeras visitas oficiales de pololos, se pueden ir perfectamente a la mierda cuando la jefa de hogar, harta de entregar su talento a patanes malagradecidos, corrobora que la han vuelto a traicionar.

El que lo pierde traiciona a la Patria
El que lo pierde traiciona a la Patria

El tedio acumulado bulle con más fuerza cuando las noticias indican que no ha sido sólo el recipiente el que se ha esfumado del orbe, sino también el tenedor, la cuchara, y el salero que suelen conforman aquel pack otrora de amor, hoy de aprisionamiento. ¿Pensarán los privilegiados portadores de almuerzo de mamá que la vida tendrá días y el mundo materia prima para producir todo el servicio que requiera su displicencia? No. Por otro lado ¿Imaginarán quienes no lo pierden, pero devuelven a la mochila el porongo sin lavar, las arrugas de sus madres bajo el agua de la noche, mezclándose con el lavalozas de la más baja categoría? Claramente no.

Hoy sean denunciados todos aquellos opresores, conscientes colaboradores del abuso, que al amparo de una vida de arrumacos se han convencido de que llegarán al suspiro mortal con el lujo de contar con una madre; mujeres que el sistema de otro tiempo no les enseñó que sus niñitos activando el microondas son sólo una pieza de la felicidad que alcanzaron a soñar; y no la vida entera, que afuera las espera con nuevas aventuras, clases de zumba y posibilidades de volver a estudiar. Mujeres agarradas por la vida a medio andar, cuyos proyectos de plenitud se han pensado a la velocidad de cada mañana.




10 comentarios sobre “Homenaje a llevar comida de la mamá a la pega o a la U”


  1. También le decían tupperware… o eso es muy ochentero?
    Igual mi mami se aburrió de que siempre los pierda y simplemente ya no tengo derecho a almuerzo. Y sepan que no es lo mismo hacerse una el almuerzo y llevarselo a la pega/universidad. No contiene el mismo amor.
    No que no.

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  2. Repudio a los potes que se chorreaban cuando la merienda era cazuela.
    Homenaje a la mamá, que se desvivía porque eso no pasara. Para eso se usa el alusa plas, no para humillar lanzas en el centro.

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  3. muy simpatico el articulo, mis hijos recian entrando a la universidad le dieron valor a la comida casera, cuando sus compañeros de regiones miraban con cara languida sus potes donde salia el olorcito de la comida echa por mama.siempre terminaban convidando.

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