Homenaje a los Helados de Invierno

por noesnalaferia

Sobre noesnalaferia

El invierno, estación llena de dificultades y tristes episodios, especialmente para los más humildes, que deben batallar heroicamente contra el frío, es también una oportunidad para el amor y el regaloneo en torno a la estufa a parafina, siempre adornada con limones quemados para evitar el desagradable olor del combustible. Cachetes gordos y apretados por parkas, bufandas, gorros Niké, cuellos de polar y orejeras, se regocijan durante estos duros meses capitalinos, abundantes en legumbres, productos Calaf y tabletones Fruna en los establecimientos de la educación pública. Si hasta las galletitas “303” reaparecen en las dietas a base de sopaipletos y arrollados orientales cocinados en San Diego con Matta.

Entonces, se va al carajo el programa “Elige vivir sano”. Cecilia Morel en tanto, quien probablemente jamás ha consumido un Kilate (la versión mula del Súper 8), no tiene idea del carnaval alimenticio que se desata en el pueblo, durante el clímax de la aparición de escarcha sobre el césped. Con sueldo mínimo en mano (o ético, si es el caso), las masas (concepto en su versión de panadería, no de lucha de clases) se toman el poder del sistema digestivo. La fritanga se consagra a las 7 AM en paraderos de Las Rejas o Departamental, mientras los choferes del Transantiago esperan subir a su máquina, soplando con fuerza sus manos abrigadas. Luego viene la sobada correspondiente y los interminables saltitos sin despegar los tacos del suelo.

No conoce la Cultura Popular

Son las 8 AM en el Gran Santiago y los grados comienzan a subir. Las caritas se alegran y es la hora de tirar tallas en torno a los errores de Iván Torres, Nostradamus histórico de Bellavista 0990. Y enojados por no saber dónde dejar tanto producto de la industria textil, llegamos a los hermosos almuerzos de junio y julio. Sopita en boca, confesando intimidades que en verano jamás revelaríamos, planificamos panoramas de media tarde. Y era que no, salvo ir al cine, todos los panoramas incluyen ingesta de altas calorías. Qué el día del completo, qué la pizza 2×1, qué una picá de sopaipillas bacanes. Excusas no faltan para demostrar cariño.

Pero hay un cariño que al equipo de esta sección le gustaría destacar a rabiar. Un cariño ligado a nuestra más tierna infancia. Un cariño que reside en un alimento en vías de extinción: los helados de invierno. No hay recuerdo más lindo en nuestras memorias que el de la mamá llegando del Centro con una bolsa de estos helados suavecitos en base a pura sustancia. Ese sabor a vainilla y frutilla es el que le da fuerza a toda una generación que, pese a los impresionantes avances de la tecnología y de nuestra sociedad en general, cada invierno debe luchar para pasar agosto y disfrutar al fin de las bondades infinitas de la bella primavera.

 

¡Viva Chile!

 



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