Homenaje a los juguetes de los 90

por Paloma Grunert

Sobre Paloma Grunert

 

Es triste ver a los niños de hoy conectados a sus i-phones, mp3s y smatphones, hablando por  habbo y teniendo a  internet como su mejor amigo. Cada vez hay menos juegos de calle, escondida-pelota ni paco ladrón. Para reivindicar el arte de compartir, Noesnalaferia presenta este homenaje con la verdadera infancia , basada en tres elementos que hicieron más feliz la vida de los niños de ayer. Para que, como dijo Marco Antonio, descubramos dónde está nuestra primavera.

 

 

LOS TROLLS

Los trolls llegaron en una época de mucho misticismo y artilugio, cuando en la infancia se vivía la onda de la mitología y el encanto: La agenda Pascualina (protagonizada por brujas) no podía faltar en la mochila de la mini-lola y la adolescente chilena noventera; David el gnomo hacía de las suyas en la tele, las leyendas de Chiloé -como El Trauco o el Caleuche- estaban de moda y los Gremlins y los Creepers eran los monstruos que la llevaban. Así que los Trolls aparecieron en el mejor momento para situarse como los reyes de la mitología imperante. No sé por qué en los noventa tener “suerte” era tan importante, pero el rey de los artefactos de la fortuna era indiscutidamente el Troll, aplastando a los chupetes de la suerte, a los llaveros de pata de conejo y a aquellos románticos que llevaban un trébol de cuatro hojas en la billetera. Artículos que serían condenados a la vergüenza en tiempos de Cuenta RUT.

El Troll era una especie de duende con una cara horrible, de piel morena y larga cabellera que ya se la quisiera tener de cliente una sucursal de Palumbo (pobre); chascas hoy imitadas por neoirreverentes como Iván Guerrero y Fernando Villegas. El funcionamiento del juguete era simple: había que tocarle el pelo para tener suerte, así antes de cada prueba todo el curso le tocaba el pelo al troll de turno. Pese a que había Trolls originales, casi todos se compraban en la feria o en la micro. Había de diferentes tamaños y colores de pelo y hasta las mamás llegaron a tener uno. Infaltable tocarle el pelo al compañero de curso feo pa que te diera suerte.
Hoy:Inocentes, jamás pensaron que su nombre se mancillaría en la posmodernidad, con la creación del verbo “trollear”. Cuyo uso en Twitter da vida a los ahueonaos.

Los troll de cuneta no tenían ese diamante en la guata.

 

LAS LÁMINAS

El inolvidable SALO (vuela alto) se declaró en quiebra en 2010, dejándonos con el corazón roto y un legado de memorias y anécdotas de su bello y simple mundo.

En torno a los álbumes se confabulaba una verdadera mafia infantil. No faltaba el compañero/a que vendía láminas o aquellos que te chantajeaban con  la que tú necesitabas. Conceptos como la “lámina clave”, las “láminas hologramas”, jugar a las láminas (a la verdad y a la mentira) o la competencia de quién tenía más lleno el álbum, era pan de cada día. Llegábamos a angustiarnos por aquella promesa de “premio al álbum completo” que muchas veces era algo que nos parecía increíble y por lo que había que dar la vida como por ejemplo un póster gigante (Sailor Moon, 1997) o una carpeta para guardar hojas (Star Wars, 1999). Humildad franciscana y virtud aristotélica.

Larga vida a álbumes de culto como “Basuritas” (1999), “Chile en Francia 98: con la fuerza de todos” (1998) o “Me gusta” (1993 y 2000). Homenaje a abrir un sobre y decir “no la tengo, no la tengo, la tengo, la tengo, no la tengo” y a la transición stick fix – adhesivo. Repudio a PANINI por fomes y porque nunca supo/pudo hacerle la competencia.
Hoy: El concepto “Álbum” remite al nuevo trabajo musical de las ” bandas”. (antes se decía “disco” o “el nuevo cassette de”). Repudio.

Los inicios del reguetón

 

JUGUETES CANJEABLES

De económico acceso, los juguetes canjeables eran el gancho perfecto que las empresas usaron para hacernos consumir sin criterio. Todos los días comprábamos un Traga-Traga, un Gatolate, un Filito, un Suflito o un Cholocrac con nuestros cien pesitos para el recreo y con toda la fe de obtener uno de estos bellos y adictivos accesorios:
Tazos
Sin duda marcaron precedente en la historia del niño chileno de los noventa. Los primeros que aparecieron fueron los de Tiny Toons, Looney Tunes y Disney, luego les siguieron los de Super Mario Bross, Hanna Barbera, Power Rangers, Donkey Kong, Los Caballeros del Zodiaco, hasta que se chacrearon conforme llegaron los 2000. Al principio nadie sabía cómo se usaban los tazos y jugábamos a hacerles presión apretando unos con otro contra el suelo, después apareció el bacán del curso y dijo que había que agruparlos en una torre y hacerlos caer, a tazo volteado, tazo ganado. Aparecieron tazos en 3D, tazos rompecabezas y tazos trompo que se podían hacer girar. El tazo carreteado se ponía blanco y era heredado al hermano mayor para uso de uñeta. <3 Era el germen de Gepes y “Manus” Garcías.
Figuritas de los Picapiedras
No tenían ningún fin útil, más que ser “coleccionables”. Eran pequeñas figuras de colores de plástico que venían en los suflés. El motivo era en torno a Los Picapiedras. La de Gazú fosforescente era la más apetecida. Su extraño verde hasta el día de hoy alucina a la población sub-10.
Takatelas
Venían en los Evercrips y eran con motivo de superhéroes de cómic gringo. Se jugaban como cartas de naipe, sacando una cada jugador mientras contaban del 1 al 10, si la carta coincidía con el número cantado, el primero que ponía su mano diciendo “TÁKATELA!” se llevaba los ejemplares.
Tapitas de Yogurt Soprole
El sueño del niño noventero promedio era conocer Disney. Como éramos pobres y eso nunca iba a suceder, lo más cercano a eso era tener un Super Nintendo. El niño que no juntó tapitas para canjear el Super Nintendo simplemente NO TUVO infancia.  Era sencillo, juntar las tres partes de la consola, el problema es que nunca a nadie le salió la última parte y al final todos andábamos tapados en PIN (prendedores de Mario Bross). Luego de eso aparecieron promociones similares pero había que juntar las tres partes de una bicicleta e incluso de un auto. Se acercaba la usurpación de la niñez.
Otros: Crescencios, Pegalocos, Mini-Pistolas de agua Kapo (Homenaje a la subcultura Kapo), Requetepatitas.

Pobreza

 




5 comentarios sobre “Homenaje a los juguetes de los 90”


  1. Claudio

    wn!!! Es que casi lloro con este posteo. Cómo olvidar aquellos juegos de nuestra infancia, que entre una mezcla de ingenuidad y novedad (para ese entonces) hasta el día de hoy nos marcan. Cada día que pasa estoy más convencido que la generación que vivió su niñez y adolescencia en los ’90 es la última cuerda.

    Cómo olvidar esos eteernos juegos en el colegio con las láminas, donde los más tramposos sutilmente mojaban con saliva la palma de sus manos para que más láminas quedaran pegadas y se dieran vuelta; homenaje póstumo también para las bolitas, en todos sus tipos (bolones, bolitas propiamente tales, bolitas ultra-pequeñas y las codiciadísimas “bolitas de leche”);

    Para los menos olvidadizos: se acuerdan que durante un tiempo salieron a la venta unas navecitas de colores, de distintas formas, con una pequeña punta de metal donde se colocaba una “balita” con polvora, que al hacerlas chocar con el suelo (ideal en la calle o la vereda) reventaban y emulaban una pequeña explosión. No me digan que estoy loco, plis, que algo me acuerdo de ellas.

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    • últimacuerda.

      Sí!! yo me acuerdo de las navecitas! eran muy bacanes, me acuerdo que jodía a mi papá porque como era alto y fuerte los tiraba y sonaban muy fuerte! en cambio yo, enana y cobarde ni podía tirarlos ! que bonitos recuerdos, igual de repente me baja la nostalgia y busco mis tazos blancos solo para tenerlos ahí, mirarlos un rato y tirarlos o que se yo <3

      Homenaje o Repudio: Thumb up 3 Thumb down 0

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