Homenaje al Ciber: la escuela de informática de la nación

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

¿Por qué el titulo Ciber CAFÉ? Formato proveniente de otros países que nada tenían que ver con la realidad en que se erigieron los recintos que posibilitaron el acceso a la red de millones y millones de chilenos en, casi siempre, la esquina de su población.

Corría el 2002, 2003 y 2004 cuando los proyectos que se adelantaron décadas al aún inexistente Ministerio de Tecnología, se construyeron frente a carritos de bajones, junto a almacenes y verdulerías, con CPUs de medio metro de largo por 20 centímetros de ancho, y casi siempre sin tapa, dejando a vista y paciencia los misteriosos elementos tipo placa madre, ventilador, ram, tarjetas de videos y vaya a saber uno que otra cosa más.

Hermoso público objetivo del ciber, que tenía uno o dos computadores por cuadra, y ninguno de los dos con internet. O podía tener, pero claramente el equipo era incapaz de cumplir con los requerimientos que comenzaba a exigir el mercado laboral, educacional y la vida social. Porque ¿A qué íbamos al ciber? Quién no fue un día al ciber con sendo disquet, comprado en el bazar del otro pasaje –luego de dos intentos, porque el primero no lo leía, o simplemente uno no le sabía sacar el click de bloqueo-, a imprimir su primer curriculum vitae. Edad: 17 años. Objetivo: reponedor de supermercado o vendedor de cualquier hueá retail.

Qué niña o niño no lloró a mares por esos 300 pesos que le posibilitaran no sólo meterse a Google a buscar la última foto de RBD, sino también a imprimirla mierda! y pegarla jocosamente en la puerta de una pieza que ya no aguanta más entre mono de animé, boy band o deportista del momento = Zinedine Zidane.

Quién no fue, en diciembre del 2004, a ver a las 12 de la noche -con el culo a dos manos- a esperar el dictamen del Demre en los resultados de la PSU. Amiga, saqué 400, no me alcanza pa niuna hueá. Vai a tener que hacer Preu. Mientras, un sonido alertaba que xxxxxxxxxxxxcore algo que tenía que decir. Pero bueno, no todo era fatídico a esas horas de la noche. Eran más de las 12, podías subir otra foto a Fotolog.

Punto aparte era toda la arquitectura interna de un ciber café, cuya velocidad de navegación dependía de la suerte de la olla; porque, digámoslo, podían tener todos un monitor de última tecnología, pero sus procesadores podían variar de entre uno de 1995 y uno del año, de paquete, que se lo peleaban los que iban a jugar en línea.

Hay que partir de la base de que ese ciber antes fue un fracasado negocio: verdulería, peluquería, taller mecánico, ALGO FUE. O simplemente, una familia de pacos recién jubilados apostó todo el capital existente en un negocio visto en aquellos tiempos como el negocio del siglo. Viejo, aquí le pegamos el palo al gato.

Pero en ánimos de ahorrar –viva Chile- los teclados siempre fueron una mierda. ¡Quién no aprendió a hacer su primer arroba en el Ciber! Un absoluto misterio. Algunos decían alt 64, otros alt Q, pero nadie decía que iba a depender de la configuración del sistema operativo. Se llegaron a gastar dos horas seguidas, con sudor y nerviosismo en el cuerpo, sin saber hacer el puto arroba, por vergüenza a preguntar cómo chucha se hacía.
Porque el ánimo para preguntar también dependía del personaje que atendía. Si era un ciber de población, ello estaba sujeto a la hora de atención. En las mañanas, a cargo del buque yacía la señora, la abuela o el cesante del hogar –desaliñado y sucio, por lo demás-. Hora de almuerzo: CUALQUIERA, podía ser el hermano chico –con cotona y mochila lista para irse al colegio-, la cuñada, la amiga de de la amiga, vecina de confianza, o EL MARIDO, que prefería sólo supervisar temas de seguridad y finanzas. A la primera consulta tecnológica, el marido llamaba de un solo grito al cabro chico o lisa y llanamente aconsejaba: REINICIE EL COMPUTADOR.

-Sigue malo.
-Cámbiese al 4. Ese no falla.

 El 4
El 4

Bacán que en ese tiempo los computadores no necesitaban el desbloqueo desde el servidor. Estaban todos activos. Mucho menos existían los contadores de tiempo. Esa es otra arista.

En la tarde noche siempre aparecía el dueño para mirar cómo iba la cosa. Destacable es también el constante desorden administrativo de la empresa. Escaseaban las boletas, el precio se solía dar al ojo, o te daban una boleta del rol anterior. Se paga de $400 por una hora y una impresión. Gracias le desea: Almacén Catalina.

Pero no todo ciber era de población. Vámonos al centro. Y cuando decimos centro, se incluye tanto a las galerías de Santiago como a los segundos pisos acondicionados en calles aledañas de plazas de armas de San Bernardo, Maipú, Puente Alto y Regiones. Aquí estamos hablando de una inversión mayor. La mitad de las veces se trataba incluso de inversión extranjera, pero no cualquier país: Colombia, Perú, Ecuador y República Dominicana. El nivel de servicio era claramente más alto: siempre eran computadores en espacios individuales con cortinitas. Los megas te posibilitaban descargar una película o un video en una hora. No había problemas en grabación de DVDs, webcams e incluso servicio técnico. OJO: también se ofrecía menú de impresoras. Si uno quería imprimir, se incluía per se la pregunta: A CUAL LA TIRO. Imprimir a color te subía brígidamente tu presupuesto. Descartado. Esto, porque los inversionistas andinos le traían impresión a láser. Atrás quedaban las hojas de oficio (usadas para carpetas de ciencias naturales), ahora todo iba en carta.

Considerable también el personal de estos negocios, evidentemente mejor capacitado. Si te veían complicado, no se demoraban en explicarte todas las características de tu equipo: esa página revísala en Mozilla, te decían si la Intranet te andaba lenta. O tíralo al disco E, si el video de Wisin y Yandel no entraba en el disco primero.
Bacán también cuando te enseñaban los primeros tips, como F4, para cerrar todo si NO RESPONDE. Esto pasaba cuando en tu salsa bailabai con 12 ventanas y el navegador colapsaba. 10 de las ventanas eran un Fotolog.

Espectacular también era el sistema de audio. Sendos audífonos de DJ colgaban de clavitos en mal estado, instalados al lado de sillas que bien podrían ser de un gerente comercial, lo que no quitaba dignidad al pisito o la silla sacada de un vertedero del ciber de población. El sólo hecho de sentarse en ese gran equipamiento lo hacía a uno sentirse más importante. Te daba una energía única para, por ejemplo, tenerte más fe en una postulación a una beca; postulación que en gran medida dependía de la voluntad del personaje a cargo del ciber para ayudarte a dar siguiente en cada paso.

En los ciber del centro también era intrigante el mundo de seducción que se daba en los privados ¿Para qué chucha era un privado si no para correrse la paja? Bueno, también para jotear tranquilo por webcam. De todas formas, qué asco daba pensar que la cuerina en que se depositaban nuestros cuerpos mantenía vivos fluidos de calientes en edad del pavo.

Petardas.com
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Otro mundo era el ítem tarreo: tardes enteras de espinilludos metidos en Warcraft, Medalla de Honor o Gunbound tratando de subir de nivel y bajando drásticamente el rendimiento escolar, para estupefacción de padres y apoderados.

Por Dios que fuimos felices. Tarde lindas de septiembre, veranos enteros y frías noches de invierno junto a la verdadera comunidad que se constituía en torno a un ciber: los centros sociales más relevantes de la generación que se hizo un correo entre el 2000 y el 2005. Gloria eterna a los atrevidos emprendedores que hoy rematan computados a 20 lucas y construyen una pieza para el nieto en el rincón que hace diez años fue escenario del surgimiento de romances, decepciones y decisiones del rumbo de decenas de vidas conociendo sus puntaje PSU. Gloria a los cientos de ciber que aún resisten, diversificando su oferta con telefonía de larga distancia; pero sobre todo, uniendo a niños, jóvenes y abuelitos que sólo se quieren comunicar.




8 comentarios sobre “Homenaje al Ciber: la escuela de informática de la nación”


  1. fabián

    Con mis amigos siempre íbamos a un cibercafé que estaba como a 3 cuadras de mi casa. Éramos unos 10 a 12 cabrochicos así que el dueño nos hacía un precio y ahí nos quedábamos horas y horas jugando counter strike. Los mejores recuerdos de mi infancia.

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  2. El_Manque

    Mi primer pc fue un tarro usado del ciber de al frente de mi casa. Ahí el viejo que atendía me explico que tenía que instalarle un cortafuegos al pc para que no se llenara de virus ” es como un condón para el internet” me dijo a mis tiernos 12 años, en una época en que los programas aún se llamaban programas y no ‘aplicaciones’ y softonic era la cumbia. Una época donde la única forma de ver un vídeo era con Quicktime o Realplayer y el Windows Media Player funcionaba como el pico y el Winamp era sinónimo de mp3. Para que decir de páginas como Perrunos.com, llenas de esas animaciones Flash tipo Roberto Manfinfla. La Edad de Oro señores!

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  3. no olvidemos al latinchat o el chat de terra, donde aprendí a escribir en un computador sin mirar el teclado jajaja; o descargar una foto de matrix o el señor de los anillos para ponerla de avatar en MSN.

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  4. angelica

    JAJajjaJAjaJAjaJAjAJAjajJajaJJ
    Siempre en los cyber había un adulto dudoso, con cara de viejo caliente …en el pc “privado” xD
    Yo me metia a MSN a cachar si el pinche del momento me rajaba o no jajajajaj
    y mori con esto “. Eran más de las 12, podías subir otra foto a Fotolog.” jajajajaja
    clasico

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