Homenaje al derecho de ser flojo

por Javier Reinaldo

Sobre Javier Reinaldo

Fueron muchos, en las redes sociales y en la vida real, los que se indignaron el año pasado luego de la aparición de una entrevista en la revista Qué Pasa a Sebastián Dávalos Bachelet, el hijo de Michelle. Con justa razón se pidió la cabeza del robusto cientista político luego de leer las débiles explicaciones a las diversas polémicas de las que fue objeto. Sin embargo, fueron pocos los que repararon en una frase que mencionó Dávalos durante la entrevista y que hasta hoy resuena en la cabeza de este columnista: “Todos creen que por ser hijo de la ex presidenta uno es flojo y que está echado para atrás”. Aunque no sabemos si Dávalos es o no efectivamente un flojo -aunque, dada su formación de cientista político, es decir, vendehumo, lo más probable es que lo sea-, llama la atención que de inmediato intente sacudirse de tan filuda acusación: el hijo de la presidenta es un vagoneta. ¿Es malo que lo sea?

En un país como Chile, donde la vida hay que ganársela literalmente, crecemos escuchando cosas como que la flojera es la madre de todos los vicios y que el trabajo dignifica, como si uno naciera indigno y sólo a través del esfuerzo pudiera purificarse, una suerte de pecado original que es necesario borrar con el sudor de nuestra frente, como el burro que es condenado a arar los campos de por vida sin entender jamás el por qué de su condición. No es difícil deducir que quienes son beneficiados por una mentalidad tan nefasta como esta son los mismos de siempre, los que son capaces de condenar a muerte a un joven por ahorrarse unos millones y que tienen a nuestros padres, tíos y vecinos trabajando como enfermos para pagar deudas contraídas con ellos mismos. Tomando esto en cuenta, el flojeo se convierte prácticamente en una acción política.

Es fácil decirlo, claro, sin tomar en cuenta las particulares condiciones de cada uno y que nos puedan obligar por distintas razones a producir algo de dinero. Pero no por ello tampoco vamos a ignorar que el discurso en torno al trabajo y la flojera es fundamentalmente injusto y construido en beneficio de este status quo tan charcha que vivimos. La utopía entonces debería apuntar a la abolición total del trabajo que, ojo, tampoco se trata de estar acostados todo el día, sino de que todo lo que hagamos lo hagamos por voluntad propia y no por coerción, porque hay cuentas que pagar. Debería entonces ser nuestro norte el derecho a flojear en paz sin ser mal visto por ello y asumir el trabajo no como una virtud sino como una carga horrenda que nos ha sido impuesta. Después de todo, ¿quién no quisiera estar todo el día echado para atrás?

Idolo
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9 comentarios sobre “Homenaje al derecho de ser flojo”


  1. ignacio

    weon yo he sostenido lo mismo toda la vida, ser flojo no es malo, básicamente porque TODOS lo somos. si nos preguntan en la mañana si queremos levantarnos temprano a cumplir obligaciones o quedarnos durmiendo, ¿qué va a elegir uno? dejemos de engañarnos, ser flojo es como respirar y trabajar es una mierda, eso no significa que uno no lo vaya a hacer, igual uno va a trabajar pero tomemos conciencia de cómo es la weá.

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  2. Andrés

    En la Antigua Grecia era bien visto ser ocioso, no hacer nada, pensar todo el día. El trabajo estaba destinado a los esclavos y era mal visto por las clases altas, por eso no trabajaban, solo “pensaban”.

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  3. Ser “responsable y no flojo” es una condición cuatica que viene junto a la pobreza.
    Se va todo a la chucha si se te olvida ir a ver a la asistente social, si no imprimiste la colilla del sueldo del viejo, etc ,etc,etc.
    No poder hecharse ramos para no perder la beca.
    No poder dormir un poco más por que la micro, el metro.
    No hay espacio para el error, la pinta siempre nos declara culpables.
    Nunca se nos olvidara pagar, estabamos robando.
    La flojera es casi uno de los tantos lujos que te puedes dar si tienes plata.
    La flojera donde no hay plata es una actitud de mierda hacia tus viejos que pasan las de quico y caco para que el Güea cumpla el sueño universitario de los papis.
    Que paja no poder tirarselas sin culpa.
    Ayer estaba viendo una maraton de Breaking bad de 6 horas (record personal),llego mi viejo de la pega,una sola mirada, yo seguía en pijama ,no supe que decir, me pare , me bañe, ordene la casa y prepare la once.

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