Homenaje al Teletrak: El último reducto del adulto mayor

por Javier Rios R

Sobre Javier Rios R

Por Javier Ríos R.

El día para un jubilado no es fácil. Ya no carga con el peso de cumplir con un jefe hijo de puta, pero sus problemas ahora van por otro lado. Se aproxima la muerte y se vive en un mundo donde NO son protagonistas. Hay achaques que irritan a todo su núcleo familiar. Otros, en peor situación, tienen que aguantar a una pareja que tienen los mismos achaques. Y en caso de haberla perdido, la soledad es otro rival fuerte para enfrentar.

Por suerte, los hombres (dicen que las señoras se quedan viendo la teleserie, más tranquilas) tienen un lugar donde sí son protagonistas, su verdadera casa: el Teletrak. Lugar bendecido por quedar cerca de la casa o del lugar donde cobran su esmirriada pensión; el local con un par de pantallas, un programa de carreras de caballos y un olor a naftalina donde pueden vivir tranquilos sus últimos días.

“La plaza es fome, en el estadio hace mucho frío y está lleno de malacatosos y al hipódromo o al Club se puede ir sólo una vez a la semana y me queda lejos de la casa”, comenta un hermoso vejete, con bigote blanco cortito y boina gris.

Al entrar y al poco caminar, da lo mismo el día, siempre está lleno de adultos mayores, en su mayoría de unos 60 años para arriba. Está calentito y tienen como condición primordial tener un bar restaurant a su lado. Ahí los viejitos son reyes, vistiendo el mismo terno que usaban como empleado público o la pinta dominguera para lucirse después de misa.

Abundan los lentes y las bufandas, uno para paliar el paso del tiempo y la otra para que no nos lleve la muerte. Los chalecos de lana y el zapato Guante ensalzan rostros amarillescos, con arrugas curtidas que dejaron años de exposición y jornadas de fiesta que terminaron por deteriorar el hígado y todo el sistema corporal. Mucho pañuelo de género para los constantes resfríos y un cadencioso paso cansino para moverse.

En el lugar todos se conocen, aunque rara vez hayan estado en las respectivas casas. No son parientes pero se tratan como hermanos. La conversación es el combustible de la vida de estos viejos que no discriminan por clase social, por raza ni nada de esas cosas modernas. Aquí se habla de la carrera que viene. De los problemas del país y del partido del fin de semana.

La carrera 17 terminó con el triunfo de Il Pagliaci, quien lo diría.
-”Yo te dije Claudio, si el David Sánchez no había ganado ni una en la jornada”.
-”Yaaa, pero si corre Luis Torres, que queri que le haga”, contesta un anciano mientras le pone otra raya al “Subieron Banderas”, un libro de estadísticas hípicas que ya no aguanta tanta anotación entre favoritos y sorpresas, quinelas, trifectas o triples del desquite.

Al lado, dos muchachos jóvenes observan en la mesa de un bar cómo los viejitos se vuelven locos con el final claro de una carrera. Habrán ganado millones de pesos, se dicen. Y no, con suerte sus 3 luquitas, lo importante es ganar.

Entre las cañitas y la tos

Generalmente al lado de un Teletrak hay un bar, que es como un tumor benigno de los locales de apuestas. Ahí los veteranos recitan de memoria las glorias hípicas de los últimos 40 años, comen barato y toman su cañita de vino, cerveza, cafecito o algún atrevido, un combinado, aunque no se le ofrezca hielo porque hace frío y “la tos te está atosigando Benancio”.

-”Sí sé que es el mejor de la historia, pero alguna vez tiene que perder poh Claudio.
-Ya, no seai cachiporra, en la próxima me repongo. Me gusta el 7, ponme dos más y jugamos la trifecta”, se motivan los abuelitos que cargan con las fotos de sus nietos en abultadas billeteras que lo menos que tienen es plata.

En los Teletrak y en los bares aledaños todos son expertos. A veces porque sí lo son: han visto a los caballos mil veces y saben su comportamiento, por lo que son verdaderas máquinas predictivas. Y a veces son puro chamullo, otra de las entretenciones de estos lugares perdidos en el tiempo. El chamullo es fundamental porque es un derecho. Hasta el inicio de la carrera todos tienen la potestad de decir con seguridad que tal o cual pingo se quedará con la victoria. Y después de la carrera, a lo mejor un enrostre, pero nada importante, claro, hay que preparar la próxima.

La cadena de centros de apuesta Teletrak está en todo Chile. Sólo en Santiago existen 87 locales. ¡87! En comunas tan disimiles como Conchalí, Cerrillos, Puente Alto, San Ramón o Vitacura. Y siempre con gran cantidad de gente dispuesta a vibrar con la apuesta o ver a viejos conocidos.

En regiones no se quedan atrás: 118 sucursales desde Arica a Punta Arenas, pasando por Vallenar, Combarbalá, Valparaíso (10 locales), Chimbarongo, Curicó, Tomé o Coyhaique, marcando presencia en toda ciudad que se digne a ser respetada.

Los viejos son hermosos, les gusta jugar dominó entre carrera y carrera o sólo conversar, aunque la veracidad de los hechos no tenga que ver con la realidad. En los bares reina un ambiente de camaradería que poco tiene que ver con los lugares de diversiones de los jóvenes de hoy, donde las apariencias son las que mandan. Aquí los dueños de locales sabe tu nombre y te perdona cuando no tienes para pagar.

Lo mejor son los viejos, tiernos e inteligentes; antes conocidos como sabios, hoy marginados como parias por no entender cómo cresta se usa un smart phone, por confundir a un crack futbolístico de moda con un tal Juvenal Vargas o por insultar a José Miguel Viñuela y compararlo con la prestancia de César Antonio Santis.

Con sus derechos mancillados, haciendo colas interminables para tratar enfermedades que no tienen solución, el Teletrak es un escondite a la muerte, la felicidad pasajera que no se extingue, el grito que no se juzga cuando un alazán cruza la meta y la bendita apuesta de 400 pesos que se transforma en 4000, quizás un regalo pal nieto o una cuenta impaga, da lo mismo, sólo importa ese bendito segundo en que el viejo vuelve a la vida antes de ir a acostarse en su antigua cama donde soñará mil veces con esa estrecha llegada.




5 comentarios sobre “Homenaje al Teletrak: El último reducto del adulto mayor”


  1. Repudio al Teletrak de san bdo (el que esta al lado del café con piernas en el centro), punto en el que confluyen los viejos verdes y sus mejores piezas de poesía urbana del tipo “mijita tiene las trememdah callaguaguah”

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  2. Tanjauser

    Puta cabros, homenaje las pelotas….. Repudio eterno a un lugar donde gente que apurao tiene 4 pesos se gasta los que no tiene (como las tragamonedas de almacén). Si pa mi ya apostar teniendo lucas es penca, hacerlo con lo justo es re penca u__u

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  3. Me recordaron aquellas tardes de mi abuelo fallecido! Cuántas veces tuve que ir a buscarlo medio “cufifo” como le decían, a ese local que cambiaba de letras, de cajeros, pero seguía el mismo espíritu y la misma gente!

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