La Patria de Alexis

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Dicen que los partidos importantes son sólo para los hombres que están predestinados para aquello. Para valientes, para esos que no sienten el peso de los ojos de millones sobre sí, para los que no se encandilan con el brillo de incontables papelitos sobre una cancha; para los que no se quedan tiesos ante el nervio de enfrentarse a la puerta del cielo, a la posibilidad de la gloria, a la tierra prometida por las ilusiones de la infancia.

Pero Alexis, oriundo de Tocopilla, una de las ciudades más feas, contaminadas y abandonadas de Chile, sí tiene el derecho a ponerse nervioso, y nadie cuenta con el respaldo moral para exigir que sus piernas no flaqueen al pararse en el Camp Nou atiborrado de exigencias de héroes. Piernas que han sabido lo que es sufrir minutos fatales.

Sin embargo, eso hoy no pasó.

En el remate que nadie esperaba de Alexis Sánchez al Atlético de Madrid, a los 33 minutos de la tercera final en la historia de la Liga española. En el bombazo improvisado, rígido, lleno de sangre, rebosado de la rabia recogida en las calles de su adolescencia; lleno de la putrefacción de los paños dignos con que limpió autos cuando cabro chico. En esa pelota envenenada, que en lugar de aire llevaba el rencor que las injusticias dejan como marcas imborrables en la piel de los pobres, en la morenidad de los nortinos, y en las arrugas de los dirigentes sociales. Ahí viajaba a toda velocidad la historia de un hombre que cuando niño ya se paró en una final en el Camp Nou. Un hombre que en lugar de una cancha verde no conocía más colores que el plomo triste de la tierra; que el polvo que pareciera fuera todo en la Patria atacameña. Alexis ya se paró en un Camp Nou disfrazado de posta pública, con Piqué, Messi y Dani Alves atendidos en los pasillos; un Camp Nou sin médicos especialistas, que enviaba a los jugadores a atenderse a una ciudad 186 kilómetros al este. En ese viaje, en esas horas, en esos precisos momentos sentados en un bus a Calama, los tocopillanos; los nortinos desposeídos de derechos fundamentales, jugaron todas las finales que los estadísticos del diario Marca no contabilizaron hoy.

Visca Barça
Visca Barça

En la pobreza de niños que se prueban en clubes deportivos con zapatos con hoyos, talla 44, resplandecen todos los himnos que en las finales ponen nervioso hasta al más corajudo cuarentón. Alexis ya sabía cómo se pone la piel cuando no se cuenta con más que la dignidad para enfrentar un desafío. Le pasó cuando se probó por primera vez con el primer equipo de Cobreloa, y sus bicicletas en lugar de intimidar hicieron el ridículo con botines que no estaban ni para cuarta división. Le pasó esa misma mañana, cuando Don Nelson lo mandó a jugar de puntero derecho, ante lo que él respondió: “¿Dónde queda eso?”.

Y Alexis entendió que la ignorancia es un lujo que no nos podemos dar los pobres. Nosotros, los de la clase, tenemos que saber siempre para validarnos. No vale la gracia, ni las letras ni los llantos, si no son después de un esfuerzo por tratar de entenderlo todo.

No, no me vengan con el sentido común de relator barato, que indica el tamaño de la virilidad como un factor para pararse en una final. Por lo menos con Alexis Sánchez eso no cuenta, como tampoco cuenta para Arturo Vidal, Gary Medel, Eduardo Vargas y todo el eje central de los que representarán a Chile en el próximo Mundial. Porque cuando la cesantía azota, los cumpleaños suman de a tres, y a los 15 ya no se compran promesas de aplausos fáciles. La gloria se busca a cada minuto, pateando latas de bebidas y piedras redondas, imaginando el minuto 90 de alguna final del futuro.

Ahora, los jugadores están entrando a la cancha para iniciar el segundo tiempo en el Camp Nou, y quién sabe si Alexis habrá quedado en la historia como el chileno que le dio el título al Barcelona cuando el mundo comenzaba a decir que su reinado terminaba. Quién sabe si los aburridos expertos en datos de algún diario español habrán anotado con lápiz pasta su nombre, para dejarlo en una carpeta aparte, esa de las finales de Liga que se dieron sólo en 1946, 1951 y 2014. Quién sabe y qué importa.

Lo único cierto es que en ese gol del minuto 33 no celebraron los casi 100 mil fanáticos catalanes que estaban en el estadio, ni menos los 100 millones que en el mundo se reconocen como hinchas del mejor equipo de la historia. Lo cierto, lo que sólo somos capaces de comprender los que amamos esta tierra, con sus viejos y sus luchas, con su camino interminable por dejar atrás vejámenes e injusticias; es que en ese bombazo de Alexis Sánchez, y su posterior festejo con saltito de niño, festejaron las demandas de todo un pueblo rebelado ante la segregación que fabrica héroes. Héroes que asumen su rol épico como simple consecuencia de una vida de sacrificio.

Es un gol que sólo los que sienten como propia la vida de Alexis Sánchez, entienden como la furia que se acumula en las piernas atendidas en consultorios, en hospitales con olor a ropa mojada, con moscas en la sala de espera, con el resfriado como estado natural de todas las cosas. En la furia de ese gol, Tocopilla marchó fugazmente por fortalecer la salud pública, sin el traspaso de dineros públicos a privados a través de las concesiones o licitaciones. En esos segundos que blanquean la mente y pinchan de alegría el corazón, se pidió subsidio en el costo de la luz eléctrica, pues “producimos casi la totalidad de la energía de Chile, pero tenemos los precios más altos”, como dicen aún las pancartas en las ventanas de casas a medio construir.

En esa actitud maravillosa de nunca quedarse en el piso, de insistir una y otra vez en pasarse de hoyito a un tronco rival; los que Alexis lleva consigo desprecian a las termoeléctricas que con su contaminación provocan las enfermedades que se llevan, antes de tiempo, a los beneficiados de la pensión básica solidaria.

La Patria de Alexis es la de Cobreloa, cerro tras cerro y tras cerro, pómulos toscos y circulación de perros a nivel industrial. La Patria de Alexis es sacar calugas como condenado a muerte, como si se tratara de una afrenta a la desnutrición de generaciones pasadas. La Patria de Alexis es baile, finta, y calzar la más fosforescente de las zapatillas Total 90, para hacer notar que hay talento digno de usarlas. La Patria de Alexis es sentir dolor al ver a la mamá con un escobillón en la mano, barriendo mugres ajenas. Su Patria, y la de todos los que ya lo convirtieron en su ídolo, es la de los púberes que hacen bicicletas en el área chica entendiendo la burla como ejercicio de la libertad.

Porque Alexis y su gol, porque la gloria que da lo mismo si se habrá coronado en las portadas de mañana, no es más que el Chile que lleva consigo: un pencazo terrible a la adversidad; el manotazo, hirviendo en vino, que en otros tiempos diera Martín Vargas. Manotazo que hoy se vistió de Nike en la cima del planeta en el que sueñan los niños.




6 comentarios sobre “La Patria de Alexis”


  1. Tricao

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  2. El Guaso

    Tricao
    Yo soy un chico Cruch, también soy de pobla, pero era como las weas pal futbol, tu posteo solo me habla que eres un saco de weas que no pertenece ni al cruch, ni a las canchas ni a la pobla. No niego que escribes bien, pero no todos los pobres soñamos con ser futbolista (ahí te salió todo lo clasista) nuestros padres también se rompen el lomo trabajando para darnos un mejor futuro y nosotros llegamos a pelar las weas trabajando en el campo, cosechando, en los packings o en el maíz… y después de romper “con el amor de tu vida” no te vuelves a enamorar, encuentras el verdadero sentido de lo que significa “amar” (creo que a eso te referías con lo de “pero ahora con realismo”

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  3. la rabia del sufrimiento de los pobres q los ve adiario forrandose a ustedes, cuando no hai ni pa comer por esos lados .
    la misma rabia de la q hablai de cortarle la cabeza alas clases dueñas de la sociedad reculia injusta..

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