Me aburrieron

por Leandro Perez Alvarez

Sobre Leandro Perez Alvarez

Por Leandro Pérez Alvarez

Ya no es chistoso, aunque en realidad creo que nunca lo fue. Es verano, lo sé, pero ya me parece bastante aterrador, es como si de un momento a otro nos dignáramos todos a derretirnos cual Chirimoya Alegre frente al sol, sin nada más que hacer. En un comienzo fue soportable, incluso era entretenido, no faltaban las bombitas de agua o en su defecto un grifo reventado para capear lo que nunca parecía un problema mundial. Los que tenían suerte se arrancaban al Cajón a mojarse las patitas un fin de semana entero a la sombra de un buen sauce, mientras que los que vivían en región tenían sus propios valles para entretenerse salpicando al sol. Pero gran parte de todo eso ya se ha ido. Ni el Cajón, ni las bombitas, ni los grifos parecen ser suficientes, y en las regiones gran parte de los ríos han disminuido drásticamente su caudal. Pareciera que esos recuerdos solo fueron una brisa que nos despeinó cuando nos encontró desprevenidos para luego dejarnos desnudos frente al sol comprando agua mineral congelada a $500 en cada vagón del metro.

Vivimos preocupados del trabajo, del cómo hacer más dinero, de las notificaciones de Facebook, del clásico. Como si nada más importara, como si tener que aguatarse las olas calor fuera de lo más natural, y si necesitamos quejarnos de algo ahí están los políticos ¡benditos repositorios de la queja social! ¿Qué sería de nosotros sin ellos? ¿En qué justificaríamos nuestro desentendimiento para con la naturaleza? Sus malas prácticas son el fiel reflejo de nuestro desinterés por mejorar el mundo. No puedo culparlos ni crucificarlos pues nosotros los elegimos. Sus actos son producto de nuestra indecencia ya que decidimos desentendernos de las decisiones políticas al entregarles el poder. Ni el incendio de un vertedero que colapsó por unas cuantas horas a la región metropolitana nos hace reflexionar para cambiar nuestro estilo de vida. Es como si viéramos que el peligro nos acecha y no hiciéramos más que comprar Coca-Cola endulzada con Stevia. ¿Qué sucede, Cristian?

En noviembre del año pasado (2015) la Organización Meteorológica Mundial (OMM) señaló que hasta la fecha, el 2015 ha sido el año más cálido desde que se tiene registro (1850). El promedio de la temperatura mundial superó en 0,73°C al promedio del período de referencia patrón de 1961-1990. Este tipo de noticias se viene repitiendo cada año desde el 2000, y es porque 15 de los 16 periodos más cálidos en la historia se han producido desde entonces. El 2014, por ejemplo, el promedio de la temperatura global fue superado en 0,57 °C ¿De cuánto va a ser el record este 2016? ¿Y el 2017? ¿Y en veinte años más?

De alguna manera, la sociedad ha logrado hacerse la desentendida frente a esto. Claro, aún no es tan palpable; el ventilador lo salva todo, también youtube tiene tutoriales de cómo hacer una caja de aire acondicionado casero. Aún podemos vivir lo suficiente para no tener que presenciar los resultados de nuestro propio desentendimiento para con la naturaleza. Aún hay fiesta para rato. ¿Pero de verdad podemos ser tan desentendidos? ¿De verdad no nos importa ver a nuestros nietos y tataranietos el día de mañana marchando por las calles pero esta vez no por educación ni por el aumento del sueldo mínimo -eso ya no importará- sino más bien que por poder beber un poco más de agua potable a la semana?

La especie Humana se desdobló para ir en contra de sí misma a través de todas sus invenciones, por lo que cuando creíamos ir ganándole a la naturaleza al poder descifrar gran parte de sus misterios en realidad lo único que logramos fue disminuir la brecha de subsistencia para el futuro, para nuestros hijos, y para los hijos de sus hijos. Es en este preciso instante, entonces, donde nada más importa. Todo lo que alguna vez soñaron los griegos, todo lo que alguna vez descifraron los científicos y filósofos ha quedado sin valor, ya que no pudimos soportar el peso de tanto conocimiento en nuestras frágiles manos. De nada nos sirve hoy seguir corriendo por el camino equivocado. Es ahora cuando podemos revertir esta situación, aún hay algo de tiempo para hacer entender al mundo que el estilo de vida que la sociedad ha estructurado en toda la historia no es apto para mantenernos vigentes por unos cuantos siglos más.

No es normal que la televisión recomiende respirar menos si el aire está contaminado, ni tampoco es normal que las autoridades científicas recomienden dejar la región metropolitana para mejorar la salud (en el marco de las recomendaciones del Colegio Médico respecto al incendio del vertedero Santa Marta). Al mismo tiempo tampoco es normal que variadas especies del mar lleguen a morir a nuestras costas tanto por tener el estómago lleno de basura humana, como también porque su organismo no está preparado para soportar los cambios drásticos de la temperatura en el océano. La solución no es de las autoridades, ellos no saben responder frente a esto, a ellos solo les importa el hoy. El futuro no es suyo, es nuestro, y lo hacemos desde el pueblo, por lo que en nosotros cae la responsabilidad. Nosotros somos los que debemos cambiar al paradigma de sociedad que se ha estructurado hasta ahora, para no terminar en las postrimeras agonías de un futuro aterrador.



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