¿Por qué están enojados los/as estudiantes? ¿Por qué debería enojarse usted?

por Camilo Ariel García

Sobre Camilo Ariel García

Por Camilo Ariel García
Estudiante de la Universidad Católica
Ex Alumno del Liceo Experimental Manuel de Salas

 

He pasado el día revisando las noticias de las protestas estudiantiles en la prensa nacional. Los medios de mayor tiraje, Canal 13, Mega, La Tercera, por dar un ejemplo, centraron toda su cobertura de la jornada de protestas del 28 de Mayo de 2015 en una sola cosa: los problemas, la incomodidad, lo trágico que es para la gente que los estudiantes decidan marchar, protestar; comerciantes reclamando, imágenes de encapuchados y Carabineros replegándose. Siempre haciendo hincapié en qué manifestaciones están autorizadas y qué manifestaciones no.

¿Por qué debiesen importarnos los estudiantes encapuchados? Lejos de la reducción que hace la prensa, el gobierno -y hasta algunos dirigentes estudiantiles- que se limitan a repetir constantemente que los encapuchados son delincuentes, no debemos olvidar que allí donde existe descontento social, existen encapuchados enfrentándose a la policía. Hace pocos meses el asesinato de un afroamericano en Ferguson, EEUU, desató olas de disturbios en todo el país que llevaron a la población afrodescendiente a rebelarse, muchas veces con vandalismo y destrucción de la propiedad pública de por medio. Coletazos de esta manifestación de descontento son las protestas multitudinarias en Baltimore (también EEUU), en donde los pobres de una de las ciudades más vulnerables del país más poderoso del mundo, se levantaron a quemarlo todo.

Protestas en Baltimore, EEUU.
Protestas en Baltimore, EEUU.

En Grecia vimos disturbios monumentales, luego que el gobierno asumiera que les había mentido durante veinte años, y que tendría que quitarles sus pensiones y beneficios sociales a los griegos para pagarles a banqueros europeos. En la primavera árabe las mismas turbas enfurecidas tumbaron gobiernos tiránicos a punta de enfrentamientos con la policía. No creo que ninguno de esos alzamientos sea visto como “injustificado”. No creo que miremos a los estadounidenses, a los griegos, a los egipcios, a los libios o a los españoles como delincuentes salvajes sin razón de ser.

¿Y por qué están enojados los estudiantes? Sin compartir la forma, es perfectamente entendible que estén enojados. El sistema escolar chileno te condena a permanecer donde estás, es un candado a la movilidad social. El sistema universitario te arrastra a estudiar carreras que no te gustan, en universidades de dudosa calidad que cobran plata que nadie tiene, por títulos que a veces no sirven y todo esto para vivir con algo más que el sueldo mínimo. Marchamos por eso en 2006, en 2008, en 2011, 2012, 2013, 2014… y marchamos por eso este 2015. Aún no hay solución al problema del mercado en la educación.

Como si fuera poco, cada vez que marchamos tenemos que pedir permiso. Inédito. Cualquier país que se respeta como república democrática permite la protesta social allí donde se convoque. Porque si no hay sesgo ¿cómo se explica que se corte la Alameda para que marchen 100 evangélicos contra el matrimonio gay, pero se le niegue el paso a más de 20.000 estudiantes de la ACES el pasado 28 de Mayo?

Y pobre del que se manifiesta sobre cosas que al poder no le gustan. Carabineros recibió el año 2013 (año de baja intensidad de protestas) cerca de 5 denuncias diarias por delitos que se asemejan a la tortura (sí, porque en Chile torturar no está prohibido. Lo que se castiga es el “uso indebido de la fuerza”). Casos de estudiantes que sin si quiera haber tomado una piedra fueron brutalmente golpeados dentro de carros policiales. Desde el escenario he visto con mis propios ojos cómo carabineros comienza a lanzar gases y agua sin mediar provocación. En el año 2011 fueron varias las veces en las que se me negó el paso por el Parque Balmaceda, en Providencia o por Plaza Italia, sólo por tener uniforme. El año 2013 una joven de la Universidad Raúl Silva Henríquez fue desnudada en un baño y obligada a hacer sentadillas por efectivos de Carabineros. La joven se suicidó a los pocos meses. (fuente: Archivo de Observadores de DDHH).

Duerme tranquila, niña inocente.
Duerme tranquila, niña inocente.

Rodrigo Avilés es sólo la última víctima. Recibió el impacto directo del chorro del carro lanza-aguas a la altura del tórax. Actualmente acaba de recuperar la conciencia y se encuentra encaminado en la rehabilitación, a la espera del asomo de las secuelas que dejó el ataque que lo mantuvo dieciocho días al borde de la muerte. Un caso tan o más grave como el de Rodrigo fue el de Manuel Gutiérrez cuyo asesino, el carabinero Miguel Millacura, fue sentenciado a tres años de libertad vigilada, sentencia que el pasado 20 de mayo de 2015 fue rebajada a 400 días de pena remitida, luego de haberlo matado a sangre fría con un arma semiautomática por encontrarse mirando una protesta desde una pasarela, junto a su hermano en silla de ruedas. Entre Manuel y Rodrigo hubo cientos, miles de detenciones injustificadas, golpes, gases, agua con químicos irritantes y declaraciones cínicas de autoridades que condenan la violencia de quienes se manifiestan, pero hacen vista gorda con la brutalidad con la que nos trata la policía.

El nivel de descontento es, entonces, equiparable al de Ferguson, donde un afroamericano fue asesinado por la policía sin mediar provocación, como con Manuel Gutiérrez; al de Baltimore, en donde la gente vive y muere en la miseria social, igual que los pobres en Chile; al de Grecia, en donde el gobierno prometió mil y un maravillas y ahora los obliga a trabajar más y jubilar más tarde para pagar el hambre de la banca. Igual que como la alegría que nunca llegó en Chile, igual que como nos roban las AFP, con una salud que se mendiga y un Transantiago sube su tarifa cada dos meses; igual que como en Oriente Medio, en donde se cansaron de que los poderosos se turnaran para enriquecerse, así como en Chile tanto la Nueva Mayoría como la derecha hicieron boletas falsas a Soquimich (SQM) y Penta, y después votaron leyes y gobernaron sin asco de sus conflictos de interés.

El pasado de mayo de 2015 los estudiantes de la Universidad Católica marcharon con una animita que decía “QEPD La Libertad”, cantando tristes el estado de su compañero Rodrigo. Ese jueves los estudiantes de la Universidad de Chile les saludaron con un silencio respetuoso y antorchas. Y los indignados, los escupidos y golpeados destruyeron bancos, iglesias, asientos y luminarias. Porque parece ser que no importa cuán fuerte gritemos, cuán creativos seamos: en la esquina siempre estará Fuerzas Especiales, en la tele siempre seremos inútiles subversivos y siempre habrá un subsecretario diciendo que todo esto son “incidentes aislados”.




2 comentarios sobre “¿Por qué están enojados los/as estudiantes? ¿Por qué debería enojarse usted?”


  1. gran columna que nos recuerda la inmovilidad con que vivimos.. algo depre muchacho.. bueno sería decir que esta wea se puede cambiar.. pasito a pasito. Tampoco hay q pasarse.

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