Que vuelva el respeto por la torta

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

Cuando éramos chicos no existía eso de morder la torta en los cumpleaños. La torta se comía como Dios manda porque la torta se respetaba; y no sólo se respetaba, sino que se consideraba un bien suntuario que tenía que durar varios días en cocinas sin refrigerador, entre las papas y verduras apiladas en cajas de cartón. A la torta, cumbre de cumpleaños anunciados sobre una cartulina y no con letras brillantes compradas bajo la categoría de cotillón, se le ponía un vaso al medio cuyo contenido estaba reservado únicamente para el cumpleañero de turno. Junto con el respeto al bizcocho sagrado, esa tradición se perdió.

¿Qué es eso de botar la comida? morder la torta, tradición pequeño burguesa. Se extraña la austeridad del chileno, consciente de sus ingresos y capaz de conformarse con un pastel de puro bizcocho con merengue de clara de huevo, el que siempre quedaba medio blandengue y, si hacía mucho calor, llevaba al derretimiento de la obra de repostería completa.

Que no se entere Africa.
Que no se entere Africa.
Ni las guagüitas de Africa :(
Ni las guagüitas de Africa 🙁

Eran días duros para las tortas, que casi siempre se preparaban en la casa. Cuando corrían buenos tiempos, se compraba el pastito y los arcos de plástico para simular una torta-cancha-de-fútbol, generando en los varones la mayor felicidad hasta entonces conocida. Y por dentro del estadio ficticio, todo como siempre: crema blanca y esas perlas grises durísimas que nadie era capaz de tragar. Más que alimento, esas perlas simulaban perdigones que finalmente terminaban entre las muelas de los perros. Se rumorea que su toxicidad fue el primer precedente del tolueno en Chile. ¿La selva negra y las mil hojas? Ni se conocían. ¿La guinda al marrasquino? Recién apareció en masa en la segunda mitad de los noventa (pero antes de las crisis asiática). De todas formas, nadie se la comía. ¿La piña? era de ricos, con suerte se hallaba un durazno traído directamente del tarro en conserva comprado para “el pago” en el Puerto Cristo o el recién estrenado Ekono. En síntesis, la torta, olimpo sagrado de la infancia que daba un beso al pan antes de botarlo (para que no se enojara diosito), se restringía a un buen merengue con mermelada de ciruela y a la bolsa. Se acabó.

La felicidad sí existe.
La felicidad sí existe.

Pero ni por mucha pobreza que azotara, una torta jamás tenía su completo sentido sin el concepto de la vela, en cualquiera de sus versiones, ya sea la clásica colorida con relieves –inversión que tenía que durar años-, o los palitos de fósforo patas pa’rriba que al encenderse provocaban en el niño el temor propio de un incendio. Belleza y preocupación.

La vela se soplaba y la vela se guardaba ipso facto, no sin antes chuparla para disfrutar el último suspiro (no limeño, lujo de ricachones) del merengue a punto de secarse. Guardar la vela era el equivalente a guardar el papel de regalo para la próxima navidad, tradición que estamos seguros sigue incólume aunque el pliego se esté regalando en las ferias navideñas de comienzos de diciembre.

Se guardan.
Se guardan.

¿Crema chantilly? A donde la viste, la humedad se lograba remojando el merengue con juguito Yupi, o en su defecto Caricia. Recién en los 2000 llegó la afrancesada crema a la masa del pueblo, misma década en que la mostacilla alcanzó la gloria en las capas medias.

El rito del cumpleaños austero incluía siempre llevarse lo que quedó de torta en el plato del cabro chico, o si se la comió toda, llevarse de todas formas un trozo para quien esperara en la casa, sea la hermana o el cónyuge. La magia de ese acto estaba en el medio de transporte, consistente en el mismo platito de cartón a vista y paciencia del pasaje; o lisa y llanamente, en ¡la misma servilleta! Nada de potes ni fuentes modernas. Vergüenza se tenía para robar, no para compartir la hermandad de los vecinos.

Esos agasajados eran, ni tontos ni perezosos, los que llegaban más temprano a la casa del festejado para ayudar en la preparación de los “canapés del pueblo”, nacidos de una hallulla partida en cuatro que daba como resultado ocho canapés de huevo duro molido, o simplemente de paté de ternera, el sabor Coca Cola de los patés: a la segura. Ahora, si los canapés se tomaban mal, quedaba la cagá con los pedacitos de huevo repartidos por el flexit, mientras de fondo un sonoro “que los cumplas feliz” cerraba una tarde cristalizada en el corazón del niño, sin esos horrorosos -hoy de moda- “FELIZ FELIZ” y “A TI A TI” que tratan de darle onda a la tan sobria canción. Chile no los necesita, ni a ustedes, insulsas palabras, ni a las bocas de infantes obesos sobre tortas que antes mandarlas a hacer costaban un cuarto de sueldo mínimo. Enhorabuena, ¿volvamos al respeto?

El respeto.
El respeto.



24 comentarios sobre “Que vuelva el respeto por la torta”


  1. Repudio a que lloviera el día de tu cumple y llegaran pocos o casi ningún niño 🙁 Y repudio a estar de cumpleaños en enero o febrero porque NUNCA tuviste cumpleaños con amiguitos.

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    • Yo estoy de cumpleaños en febrero. Mi vieja siempre quiso que celebrara en marzo, “pa que haya más gente”, pero así vinieran 2 personas, yo siempre porfié y celebré cuando correspondía 😀

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  2. Mariela

    Ahora realmente repudio los cumpleaños de mis sobrinos … No al mordisco !!! No al a ti a ti!!! Si a la torta hecha en casa con bizcocho, manjar, mermelada y chantilly

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  3. Homenaje a llevarte la torta entre dos platitos de carton, cual sánguche de torta, repudio a la vecina que se choreaba el centro sagrado del pastel cuando nadie estaba mirando!!

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  4. Isidora

    Homenaje a las manualidades maternas: torta de cuchufli blando con chubi, naranjitas de jalea y a los platos de carton donde se convivían chispops, galletas, papitas y fonsis. Homenaje igual al cumpleaños en enero, lo podias celebrar manguereandote con tus vecinos.

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  5. La Felis

    Repudio infinito a morder la torta y a quien se le haya ocurrido que era una buena idea, repudio a que el cumpleañero deje restos de su saliva o mucosidad nasal en el pastel, asi ni ganas dan de comer.

    Homenaje a acompañar la torta de cumpleaños con leche con chocolate, no la que viene en caja lista para servir, sino la que nuestras mamás hervían y entregaban en vasos plásticos, esa de leche purita y cualquier símil al nesquik, con un buen poco de nata .

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  6. giamixflix

    Homenaje a ofrecerle ayuda a la abuelita/Mamá en llevar la torta al living, solo para pasarle el dedo a la crema por fuera (y pensar que iba a pasar piola).

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  7. Cuando mis hijos estaban chicos me traían torta de los cumpleaños que ellos no se comían, en la misma bolsa con el queque hecho en casa, las galletas gorditas de vainilla y los dulces del arbolito de Ambrosoli, todo revuelto. Lo comíamos con el tecito.

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  8. KOKEIQQ

    Soy un romantiko del cumpleaños ochentero ese al ke te invitaban por medio d una tarjeta con un dibujo infantil no gringo payasitos gatitos trencitos etc. Tengo un catastro de viejas ke hacen tortas y dulces con sabor a cocina d pueblo (repudio absoluto y total a la torta de supermercado ke parece esponja bañada en crema sabor a nada) nada mejor ke akompañar las roscas queques canapes cachitos alfajores de maizena con una buena taza de chocolate preparado en casa. El cumpleaños antiguamente era una demostración d amor y cariño al festejado. hoy es una triste intentona d demostrar ke somos d otra clase social celebrando en lokales d komida rapida con papas fritas y nuget de caca. si a tu hijo en su cumpleaños le das caca no creo ke lo kieras mucho

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  9. Natalia L.

    Homenaje a las “pesas” que se hacian con chispop y ramitas! A llevarte lo que quedaba de las papas, fonsis, ramitas, mani (lo que fuera) en una servilleta apelotonado, homenaje a las bolsitas de sorpresa y a las piñatas con dulces ambrosoli! Homenaje a las tortas de cuchifli, de esas de chocolate o de esas con chispas de colores! Creo solo una vez tuve de esas fue la gloria. Homenaje a la serpentina colgada del techo o de un hilo que cruzaba la habitacion! 😀

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  10. Homenaje eterno a los hijos de mamá soltera, que por motivos de plata nunca tuvimos una celebración de cumpleaños, pero a cambio de eso, eramos infaltables invitados en todos los cumpleaños de los amigos de la poblacion y de los primos.

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  11. recuerdo cuando mis tias se peleaban antes de rellenar el biscocho,con que debian mojarlo,si con el mismo juguito del tarro de durazno, cn bebida o con un poquito de pisco!!!!! y el ritual que hacian para batir la crema en polvo,tenian que salir de la casa todas las que “anduvieran con la regla” y las que tenian el ojo fuerte,jajajaj!!!! para que no cortaran la crema

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