Radiografía al guardia de seguridad chileno

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

¿Se han puesto a pensar en el nivel de ridículo e irracionalidad que significa tener un guardia de seguridad para TODO en este país? El nivel de miedo que no nos roben los Daewoo instalado en la sociedad por los medios de comunicación y el mercado llega al extremo de que no basta con modernos equipos de guardias (?) en universidades públicas y privadas –con viejitas y guatones que difícilmente pudieran frenar un robo-, conciertos, transporte público y minimarkets; ahora también se está desarrollando con fuerza un nuevo modus operandi: farmacias que funcionan con llaves, en las que para salir o entrar el guardia debe girar la chapa cientos de veces en un día, mientras revisa el WhatsApp y le baja y sube el volumen a su reproductor de música.

La locura del miedo, vergüenza de una nación que en 2009 ya reportaba $37.000 mil millones mensuales a las empresas del rubro, da aún más rabia cuando se comparan datos que denotan cómo un sistema político y económico maneja los temores de una población pobre en derechos y servicios para mantenernos en esa quietud tan chilena, conformista y hueona. Un ejemplo: Chile es el país de Latinoamérica con menos homicidios, con apenas 2 por cada 100 mil habitantes. Al otro extremo está Honduras –país tristemente célebre por sus peligrosas pandillas-, con 86,5 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, los hondureños se sienten más seguros que los chilenos; presos de una cultura narrada por 133, Policías en Acción, En su propia Trampa y el matinal de Chilevisión, que más parece el misceláneo del cartel de Sinaloa.

En Honduras, ocho de cada diez personas se sienten seguras en sus barrios. En Chile, sólo siete de diez ciudadanos viven con la tranquilidad de que no les van a robar sus Daewoo. ¿Cómo cresta llegamos a tal nivel de desquicio, desconfianza en el otro y persecución a la mínima sospecha? ¿En qué minuto pasamos del alambre púa a esos remolinos de filo que convierten las otrora agradables casas de esquina en Guantánamo? Las razones, siempre ligadas al modelo de país diseñado por la dictadura en conjunto con la actual Alianza por Chile, son muy profundas, pero hoy han construido una realidad concreta en el mundo del trabajo: el planeta de los guardias de seguridad, imagen pública de la respuesta del mercado al miedo con que nos controlan, con una reproducción que no se detiene ni un solo día. Ya en 2012, sólo en Santiago existían 73.997 agentes registrados, más que los 50 mil carabineros que mantienen durmiendo tranquila a las niñas de todo Chile.

Es tan relevante el rubro del guardia de seguridad en Chile, que nadie ajeno al 1% no tiene un amigo o familiar que haya trabajado de guardia. En Noesnalaferia, varios integrantes del equipo lo hemos sido, y hoy homenajeamos el sacrificio de los compatriotas que, poniendo en riesgo sus vidas y –por consiguiente- la estabilidad de sus familias, deben dedicar sus horas a un empleo precarizado, manejado por chantas y muchas veces sin contrato, para proteger negocios que producen miles de millones de dólares que van a parar a los bolsillos de quienes no contentos con tapizarnos en terror, hoy nos amenazan casi con la hambruna si tienen éxito proyectos de reformas.

Homenaje al guardia de seguridad, porque es la pega más de mierda, peligrosa e insensata a la que puede acceder un trabajador sin estudios ni preparación, y aún así hay gente que se termina acostumbrando a trabajar en esa mierda, y lo hace con rigor y compromiso, pensando sólo en las calillas y mercadería que deben cancelar a fin de mes, sin poder salirse –más allá de las críticas que mantengan y organización sindical que se comienza a desarrollar- del círculo vicioso de operar como cuidadores de un modelo que trata al obrero casi como esclavo, con la inflación del miedo como protagonista.

Ahora ¿Qué significa ser guardia de seguridad, cuando lo único que te hace capacitado para el cargo es una radio, una chaqueta y un curso de OS10 que se aprueba con clases tipo Aplaplac? Imagínense trabajar, con la obligación de reducir a un mechero o lanza internacional, con el miedo que a la salida te estén esperando para sacarte la chucha, amedrentarte y eliminarte como obstáculo. Te tiene que gustar la pelea para aguantar más de un mes exponiendo tu vida por 250 lucas. O simplemente hay que necesitar mucho esa plata para hacer del riesgo permanente una carrera laboral 🙁

Y es todo un mundo, porque en los cursos de OS10 que te convierten en guardia –y que reportan más de $400 millones anuales a Carabineros- hay absolutamente de todo. Y cómo no lo va a haber, si hasta en los paraderos del Transantiago se encuentran ofertas de pega de las miles de empresas de seguridad que hay en el país, las que dejan en los letreros de la micro los papelitos con el número de contacto.

Ahora, una vez aprobado el curso en la Escuela de Suboficiales, comienza una verdadera travesía en la que te pueden asignar cualquier pero cualquier destino de pega, con una variedad que va desde la comodidad de ser conserje de un condominio donde toda la acción del día consiste en abrir y cerrar la puerta, hasta vigilar en bicicleta los estacionamientos de un Sodimac, metiéndole chala a la Oxford para simular una persecución mientras los ladrones arrancan. Y es que el arte escénico es fundamental para durar en pegas de retail, porque son miles los que ni cagando van a interceder en un acto delictual a sabiendas de no tener las condiciones. Eso sí, la cara de acción y el saltito con la punta de los pies –muestra ineludible de autoridad- se ponen igual.

La versión estética del guardia de seguridad va a depender de donde se realice la labor. Así, por ejemplo, está el guardia de supermercado, que suele ser un Rambo: rico o picao a rico, canchero, musculoso y gel al pelo. A su función “policial” hay que sumarle los múltiples roles de servicio al cliente, informaciones varias, la aplicación de sicología para meter miedo con miradas o seguimientos. Ahora, si el Súper es muy pobre, el guardia simplemente las hace todas, lo que a uno le hace pensar que se trata del dueño, papi y emperador del local. Carrero, locutor y hasta de cajero se ha visto en ocasiones a los guardias de Ekonos, Mayoristas 10 y Alvis que se extienden en la periferia.

Quizás lo más de mierda del guardia de Súper es que al final de la jornada debe cumplir el nefasto rol de revisar los bolsos de los trabajadores al partir, para evitar que se roben algo. La hueá indigna 🙁 Lo bacán es que con los años el guardia hace la mímica de abrir carteras y mochilas y dice “vaya nomás” sin siquiera mirar.

Le sigue el guardia de mall: siempre echao, indicando con paja suprema dónde está el Preunic, y más que nada dando información, joteando y haciendo relaciones públicas. Homenaje aparte al que lo ubican a la entrada de Paris o Ripley y que se tiene que mamar 1000 saludos al día para que casi nadie le devuelva el “Buenos días, bienvenido a Paris”.

Homenaje al guardia de farmacia, que más bien va a hacer vida social y a indicar tres veces al día dónde están los Rexona, los pañales o a qué hora cierra el local. Ante esta última pregunta, el trabajador o trabajadora se remite a indicar con el dedo el letrero donde sale con números gigantes “CERRAMOS A LAS 21 HORAS”. Todo, terminado con una risa simpática, que bien puede ser irónica. El guardia de farmacia se peina con el control remoto del aire acondicionado. Aumentar y bajar la temperatura según estación del año es su brillo, ya que en términos de seguridad poco puede hacer, más que cumplir con el rol simbólico de estar ahí, porque el país de los cacerozalos cuicos lo exige.

Homenaje al guardia de seguridad de tienda, farmacia o supermercado que se le contrata para –en el papel- detener un robo y resulta ser una señora de 58 años, al borde de la jubilación. Produce ternura.

Y repudio al guardia de disco que se cree la Roca o Jean-Claude Van Damme. Sujetos desagradables, porque se creen dueños no sólo de la disco, sino también de tu carrete. De él depende la hora a la que cierra la lista de tu cumpleaños, las zapatillas y el corte de pelo con que deben ir tus amigxs. Lo peor es cuando jotea, no sin antes haber tanteado los bolsillos para ver si vas con arma blanca. Revisión que siempre termina en “muéstreme las llaves”.

Repudio, por supuesto, a todos los guardias que en el ejercicio de su pega -cualquiera que sea- se pasan a película y golpean a quienes reducen, sin respetar los derechos otorgados por la Ley, actuando muchas veces como pacos represores.

Caso aparte el guardia de transporte de valores -en huelga hace unas semanas-, un verdadero profesional de la seguridad, que cuida millones de dólares de bancos españoles para ganar menos que su símil en cualquier país europeo, con la familias en la casa escuchando todos los días coberturas de media hora a asaltos a camiones Brink. Ese sí que se cree el cuento. Hace su pega con la mano ¡en el revólver!, atento a entrar en acción apenas alguien mire por más de diez segundos los hermosos fajos de billetes que cruzan entre kioskos en pleno paseo Ahumada.

Homenaje a estos sacrificados trabajadores de la Patria, que llegaron a esos cupos como una consecuencia de un país que inventó que somos la Medellín de Pablo Escobar, cuando cada vez sabemos con más crudeza que quienes más nos roban son los mismos que nos contratan: los que nos mandan a la pelea contra la delincuencia mientras ocupan nuestras cotizaciones –que a veces ni siquiera nos pagan- en inversiones en la bolsa, en compras de clínicas que jamás le salvarán la vida a un indigente y en el soborno de políticos que van a cumplir un siglo conservando un pacto de silencio. El mismo silencio que nos mató a miles, el mismo silencio que mató para atemorizar, el mismo silencio que atemoriza para acumular y provocarnos una rabia que más temprano que tarde va a tener que estallar. De eso sí que se debe tener seguridad.




3 comentarios sobre “Radiografía al guardia de seguridad chileno”


  1. joselokopo

    Muy buen análisis, pienso lo mismo. Como cuando Jorge Gonzalez dijo que si no hubiera sido músico hubiera sido taxista toda su vida, si Gary Medel no hubiera sido futbolista creo que sería un honorable guardia de seguridad, no de esos pencas.

    PD: Vidal sería un vendedor de accesorios para celulares ambulante.

    Well-loved. Like or Dislike: Thumb up 6 Thumb down 0

  2. en lo único en que estoy de acuerdo es que hay guardias que no son capaces de proteger nada, podís poner a cualquier weon parado y da lo mismo. el resto es la típica hueá abajista y santificadora de delincuentes de esta página.

    Homenaje o Repudio: Thumb up 0 Thumb down 1

Deja un comentario