Repudio a “el lunes empiezo la dieta”

por Richard Sandoval

Sobre Richard Sandoval

Director en @noesnalaferia y conductor en @RNuevoMundo y @subelaradio. Autor de libros Soy Periférico y Colo Colo ya no es de Chile. Periodista @uchile

Por Richard Sandoval

“El lunes empiezo la dieta” debe ser sin dudas la frase más mentirosa de los chilenos hoy. Cuántas veces hemos pronunciado o escuchado esa afirmación tan al voleo, tan falta de convicción, tan falta de voluntad y tan poco comprometida con lo que significa de verdad bajar de peso, algo que el chileno y la chilena hace especialmente a la chilena: yéndose en la del flojo, buscando regímenes extremos en Google, poniendo en riesgo la salud sin carbohidratos ni grasas por días, para intentar sacarse en una semana los diez kilos de más acumulados en meses y meses de vida chatarra, y no en los tres días de fiestas patrias, como lo indica la chiva que te metiste en la cabeza.

Porque las cuatro empanadas del fin de semana más los ocho terremotos y los dos anticuchos no levantaron por arte de magia la guata y las tetas puntiagudas. Seamos francos, antes del 18 no éramos el Potro Cabrera ni Rihanna, consumíamos -como lo hace el promedio de los chilenos- más de un 80% de nuestros alimentos en base a carbohidratos de alto índice glicémico y grasas saturadas, o sea: pan, azúcar, masas, papas, jugos, todas las bebidas y trago; lo que mezclado al 82% del sedentarismo nacional -que nada tiene que ver con las corridas Adidas- nos convierten en estructuras físicas predispuestas a lo fofo y la obesidad, desencadenantes de enfermedades como la diabetes e hipertensión, problemas metabólicos -círculo vicioso de la obesidad-, emocionales y sociales.

Los chilenos somos chantas, porque empezar una dieta siempre va a ser mula si no se cambian los hábitos alimenticios, las formas de vida, deporte y actividad física. Es hora de que nuestra Patria acepte, con un 67% de los adultos con sobre peso y 25% de los niños de primero básico con obesidad, que las dietas mágicas no existen. Siempre el efecto rebote atacará.

Lo triste es que para cambiar los hábitos de vida, para dejar de desayunar Coca Cola y hacer del Kentucky y el Doguiss tu tentempié, se necesita una legislación estricta que termine con la miserable práctica de venta de snacks y frituras en kioskos colegiales, un verdadero atentado a la Salud pública incluso más dañino que el cigarro y que provocará cientos de miles de muertes en el futuro cercano, con un gasto incuantificable para el Estado, hasta hoy tan temeroso de regular a las empresas nacionales y transnacionales.

Por el bien de nuestros niños, por la educación de nuestro país -que no sólo es gratuidad y “calidad” curricular, sino también 4 horas semanales de educación física en lugar de las dos actuales- saquémonos de la cabeza la frase “el lunes empiezo la dieta”, que sólo reproduce el tolerar una forma de vida 90% reventar y 10% de cuidado ¿Cuándo antes del post 18 o año nuevo te fijaste en las calorías de los dos cuartos de libra del bajón del viernes? ¿Cuándo antes diferenciaste entre una chela, un pisco, un espumante o un manjarsh para calcular el aporte calórico de tu trago de medianoche?

Es también tarea de nuestra generación exigir políticas públicas que permitan tener una vida alimentaria sana, en un contexto social en que se come pan y tallarines por que es para lo único que alcanza la plata. Es tarea de nuestra generación, a la que nadie le enseñó cómo cachar el sodio de unas papas fritas, poner sobre la mesa la exigencia de una política de vida sana, y efectiva, más allá de inventos publicitarios como Elige Vivir Sano.

Es deber, por la justicia para nuestras mamitas, quienes por querer bajar cinco kilos subieron 20 tras comprar recetas magistrales de medicamentos a doctores como Carlos Olivares, quien se enriqueció con una consulta en el centro para luego ser diputado.

Es nuestro deber eliminar la frase “el lunes empiezo la dieta” para que nuestras hermanas y hermanos, cuando sean grandes, no tengan que inventar excusas como “ando hinchada, flaca”, cuando alguien les pregunte por su estado físico-gástrico-emocional.

Porque detrás de cada talla tipo “al botón de tu camisa lo van a acusar de intento de homicidio” se esconde muchas veces un drama; de autoestima, traumas, seguridad personal, bullying y salud que este país tantas veces de mierda se está acostumbrando a tolerar.

No es simple estética, es salud física y mental.



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