Repudio a Spotted (o cómo llegamos a esto)

por Sebastián Flores

Sobre Sebastián Flores

*Publicado en Revista Bello Público, edición julio 2013

Desde que en los tempranos ’00 Internet dejó de ser un lujo inaccesible para el C2-C3 (cibercafés y conexiones caseras de 56,6 kbps mediante), la juventud chilena se abocó -cual tribu urbana posmoderna- a encontrar un nicho desde donde generar comunidades virtuales. Redes sociales, digámosle (sí, mucho antes que la moda progre de Twitter).

Ya en la época donde se bajaba música del Ares y se chateaba vía MSN Messenger (homenaje a la carpeta “Mis Archivos Recibidos”) proliferaron los primeros espacios populares en la web. Los foros escolares y universitarios tipo BananaCorp dieron el vamos a este tipo de prácticas: antros de perdición cibernética donde anónimos registrados con falsas cuentas atacaban sin contemplación a “esa mina maraca que se ha metido con todo el curso” o al “posero culiao, se jura hXc pero es un pobre y triste wn”. En estos sitios, las amigas y amigos más cercanos salían a defender a las personas atacadas con posteos del tipo “Fran no pesquí, seguro es una mina fea que te tiene envidia” o “sabemos quién erí ctm, te metí con el Soto te metí con todo el crew”.

Pese a lo repudiable de los ataques, la juventud del siglo XXI disfrutaba leyendo los entretenidos y cobardes epítetos que se emitían desde PCs con procesadores Pentium 4. Así, la década fue avanzando y nuevas formas de interacción web aparecieron. El primer quiebre lo marcó Fotolog el 2004 y trajo consigo toda una revolución: ahora los adolescentes y veinteañeros mostraban autorreferentes fotos y relatos sobre su vida diaria. Claramente, esta cuestión se transformó de inmediato en caldo de cultivo para todos aquellos usuarios que posteaban sin registrarse. Y desde esa tribuna ellos disparaban: “te jurái rica y erí más guatona que la chucha”, “la foto maraca wn, seguro te la comí atravesao” o –algo bueno- “eres bello, te amo, soy tu admiradora secreta”.

Que digan lo que quieran (¿agrega a F/F?)

Lo que vino después fue la red social de Zuckerberg y el anonimato se convirtió en una práctica muy difícil de visibilizar: o te registrabai en Facebook o no estabai en Facebook. Por un par de años, decir cosas sin revelar tu identidad desapareció del mainstream virtual. Sin embargo, hacia fines del decenio apareció Formspring primero y luego Ask.fm, una instancia donde la misma gente no sólo aceptaba gustosa recibir comentarios anónimos, sino que además rogaba porque le escribieran preguntas tan audaces como “¿te gusta el sexo anal? o “¿cuándo fue la última vez que culiaste?”.

Toda esta cronología web derivó finalmente en “Spotted”, una moda exportada desde el primer mundo donde las personas pueden declarar su amor y/o atracción sexual hacia una persona que vieron y/o conocieron en algún espacio público. El objetivo aquí es encontrar a esa persona, amarla y vivir felices para siempre (o sencillamente culiar). A simple vista, anonimato sin malas intenciones y de buenos sentimientos, a imagen y semenjanza de aquella historia de #BuscoAPelirroja que tanto nos conmovió en el invierno del 2012 (portadilla de LUN mediante). Sin embargo, la cobardía y la falta de cariño deriva en las mismas malas prácticas que se han visto a lo largo de 10 años de incógnitos intercambios de mensajes.

#BuscoAFrentista (Spotted Medicina UChile 1984)

En este caso, la lógica es mandar un texto a un moderador de una página de Facebook para que se suba, se publique y los miembros de la comunidad puedan enterarse. Lamentablemente, este tipo de posteos termina derivando en casos sumamente patéticos. Ejemplos sobran, así que observemos alguno al azar: una mina despechada se hace pasar por un varón y le declara amor a su pretendiente, detallando un ficticio encuentro sexual entre ambos con el fin de hacerlo pasar por gay. Luego de las burlas sin misericordia que le lanzó todo su círculo al inocente chiquillo, la dama -conciente del daño causado- lanza un lastimero post de disculpa. Leámoslo a continuación:

“Hola, ayer publicaron algo sobre alguién de odontología y confieso que lo hice por despechada, soy una ex andante y estoy un poco picada por algunas cosas que pasaron entre ambos. Me imagino que pudo haber recibido bromas de sus compañeros, soy una penosa, una tonta y estúpida pero lo siento demasiado. Te quiero pedir disculpas por todos los transtornos que te hice pasar. Se que todos me trataran de pobre weona, pero lo hice porque aún lo quiero : ( si hubiera un manual de cómo hacer las cosas bien, lo leería, sólo pedirte disculpas. Anónima”.

Como ven, y para resumir: repudio a Spotted, repudio a todos los culiaos que escriben weás anónimas en Internet. Tengan un poquito de decencia y dignidad, por favor.

El amor lo ganamos a rostro descubierto



2 comentarios sobre “Repudio a Spotted (o cómo llegamos a esto)”


  1. Todo iba bien hasta lo del anonimato. Hoy es un lujo en internet ser un Anon, repudio a la actitud de pedir “cara” por Internet. Obviamente, no por el cáncer provocados por simios zorronetas-pero-betas llamado Spotted habría que levantar banderas contra el opinar desde los más bajos instintos en la red sin dar nombre y hacerlo libremente, como pura información que somos en este espacio.

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