Repudio al Cardenal Ezzati y su resistencia a los cambios

por Felipe Ramírez

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Por Felipe Ramírez

Durante los últimos días corrió por medios de comunicación y redes sociales una noticia que a bastantes dejó sorprendidos. El Cardenal Ricardo Ezzati habría enviado al Vaticano antecedentes para que la Congregación para la Doctrina de la Fe investigue a los sacerdotes Mariano Puga, José Aldunate y Felipe Berríos. Los cargos serían criticar la posición oficial de la Iglesia Católica ante temas complejos como la reforma educacional, el matrimonio homosexual, el aborto, el clasismo en la sociedad chilena y el conflicto del Estado de Chile con comunidades mapuche, entre otros.

Es un hecho claro para todos que los tres sacerdotes han tomado desde hace tiempo, una postura crítica con el discurso que desde la jerarquía se ha impuesto en la Iglesia Católica de Chile luego de la dictadura. Tampoco han estado solos. El ex sacerdote jesuita Luis García Huidobro provocó en su momento preocupación al interior de los altos cargos de la Iglesia debido a su toma de posición ante el conflicto que se arrastra por décadas en las tierras del sur del país entre el Estado y comunidades mapuche.

Es que desde finales de los 80 la Iglesia Católica chilena ha tomado una posición que difícilmente puede separarse de las posturas políticas del conservadurismo. En los 90 apoyando la censura, las críticas a la ley de divorcio, el abandono paulatino de las parroquias populares que tanto hicieron en la defensa por los derechos humanos, y el apoyo claro a la derecha en un sinfín de temas ha provocado que en el mapa político, la jerarquía sea identificada con partidos como la UDI y Renovación Nacional.

Es decir, la Iglesia ha tomado un papel activo en la defensa del orden tradicional, de los privilegios y de los intereses de los poderosos del país. Nada más lejano al mensaje emitido por el Concilio Vaticano II y las Conferencias Episcopales de Medellín y Puebla, que impulsaron a varias generaciones de latinoamericanos a vivir la fe y el evangelio como base para construir un mundo mejor.

Qué fuerte contrasta la imagen del cardenal Ezzati con un Camilo Torres, un Ernesto Cardenal, un Juan Gerardi, Rafael Maroto, André Jarlan o Pierre Dubois, por citar sólo a algunos. Religiosos que decidieron entregarse por completo a defender a los pobres, por terminar con los privilegios de clase y hacer carne el mensaje de Cristo en su vida cotidiana.

Mariano Puga en "plena dictadura"
Mariano Puga en “plena dictadura”

Corrientes como “Cristianos por el Socialismo”, la misma Teología de la liberación y agrupaciones como la “Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas” (que reúne a religiosas católicas estadounidenses y que ha tomado una  postura firme por combatir la diferencia de género en la iglesia) marcan una pauta muy diferente a la que hemos visto en Chile durante las últimas décadas.

Los escándalos de abusos a menores por parte de religiosos y la influencia que los sectores ultraconservadores de la Iglesia han tomado desde el Papa Juan Pablo II, como los Legionarios de Cristo y el Opus Dei (firme defensor de las atrocidades de la dictadura franquista) han golpeado duramente a la Iglesia.

Los sacerdotes involucrados en este incidente, por el contrario, se han transformado, a pulso de sus actividades y su experiencia, en ejemplo vivo para muchos de una Iglesia diferente, desligada de los privilegios propios de la clase alta chilena. Esa Iglesia que “ponía el pecho” ante las metralletas de los militares en los 70 y 80 a lo largo y ancho de Latinoamérica, y que durante los últimos años han estado en comunidades mapuche y en comunidades de base en Aysén o en el norte de Chile trabajando en parroquias pobres, muy distintas a las que existen en la zona oriente de Santiago.

La Iglesia Católica chilena se encuentra en crisis. Eso es indudable. La corrupción –representada por el ex párroco de Zapallar que compró una millonaria camioneta a nombre de la parroquia y traspasó bienes de la misma a una sociedad a su nombre-, la defensa de sacerdotes involucrados en abuso de menores, su deriva conservadora, su ligazón a la derecha política, parecieran estar llegando a un límite.

Holi, abusé sexualmente de adolescentes y hoy oficio misas en un convento de Santiago
Holi, abusé sexualmente de adolescentes y hoy oficio misas en un convento de Santiago

Ante ese escenario es natural que surjan voces críticas que buscan cambiar la situación, que articulen alternativas que permitan buscar nuevos caminos para superar esa crisis. Pero también es natural que la burocracia, la jerarquía, luche por defender sus posiciones de poder y su ligazón con los privilegios.

Más allá de que esta situación se haya gatillado por una petición de la Nunciatura o por una acusación por parte del Cardenal Ezzati, la realidad es clara. Existe actualmente un proceso de cambios que ha sido impulsado desde el mismo Vaticano por parte del Papa Francisco, que sin duda tiene su correlato en un debate soterrado al interior de la Iglesia chilena.

En ese contexto, las fuerzas conservadoras al interior de la Iglesia reaccionan a través de diferentes canales para enfrentar a quienes desde su interior, pugnan por realizar cambios que le permitan no sólo a la jerarquía y a la institución, sino que al conjunto de los creyentes, ajustar su discurso y sus acciones a una realidad distinta.

En el “Mensaje a los pueblos de América Latina” con el que se cerraba la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968, la Iglesia reconocía que los pueblos de la región aspiraban –y aspiran aún- a su liberación y a vencer las injusticias. Ante los múltiples conflictos que atravesaban a los pueblos de la zona, la Conferencia afirmaba sentirse solidaria “con las responsabilidades que han surgido en esta etapa de transformación de América Latina” y aseguraba que su propósito era “alentar los esfuerzos, acelerar las realizaciones, ahondar el contenido de ellas, penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos”.

El Papa Francisco te apañaría, Ezzati te acusaría
El Papa Francisco te apañaría, Ezzati te acusaría

Finalmente, el mensaje de la jerarquía católica del continente realizaba un llamado “a todos los hombres de buena voluntad para que colaboren en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, en esta tarea transformadora de nuestros pueblos, al alba de una era nueva”.

Difícil encontrar un mensaje más lejano a la realidad pequeña, a veces mezquina e incluso egoísta, de quienes han ocultado los abusos de algunos sacerdotes, de quienes han callado ante las injusticias cotidianas, de quienes han impulsado una agenda conservadora durante todos estos años.

Como muy bien puntualizaba Benito Baranda en una columna publicada en El Mostrador debido a esta misma situación, el apóstol Santiago afirmó en una de sus cartas “Ya lo ven: son las obras las que hacen justo al hombre y no solo la fe”.

La pregunta ahora es ¿qué pasará mañana? ¿Ganará la jerarquía y el conservadurismo, o la fe retomará su rol como otro pilar más del indispensable cambio social? El tiempo, y por sobre todo, la acción de quienes son interpelados hoy por este incidente, lo dirá.

 

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