Repudio al Festival para ricos y pobres

por Karlla Fuentes

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Por Karlla Fuentes

Cómo olvidar aquellas jornadas estivales de Viña del Mar que te recordaban que el verano estaba terminando, cuando los buenos momentos en familia se vivían en torno al televisor, la bebida y las papas fritas que acompañaban las carcajadas y coreaban fuerte las letras de los artistas. El monstruo se acompañaba de alegre rebeldía que se hacía sentir con aplausos y gritos que llevaban a tocar las estrellas o simplemente a convertir un show en el papelón del año. Así, tal cual.

Pero el festival ya no es lo que fue. La ciudad Jardín vio como el evento del año se dio de pecho y lomo entregado a las redes del crudo neoliberalismo, otorgando el principal protagonismo a las empresas que hacen desfile comercial eterno. El espacio para el talento pasó a tercera, cuarta o quizás quinta opción, puesto que la competencia es un estorbo en cada jornada y hasta nos parece normal que el monstruo pifee sin tapujo alguno, además de discriminar a hermanos de países vecinos.

Mayor atención nos provoca una pasarela con modelos faranduleras, que como gatas furiosas se aferran al minuto de fama que les entrega la imitación barata de la alfombra roja de los Oscar. Pero ¿Qué hubiera sido de Fernando Ubiergo con “El tiempo en las bastillas”, de Shakira a los 16 años para luego saltar a la fama y de cuanto artista que vio el festival de Viña como un eslabón en su camino hacia gloria?, ¿Qué hubiese sido de ellos desplazados por Luciana Salazar, Jhendelyn Núñez, Francisca Undurraga y cuanta otra mujer desesperada de fama?

Repudio a ese Festival de Viña que era tribuna institucional a una cruda y cruel dictadura, pero homenaje a esa Quinta que en 1986 con La Sonora Cubanacán, en el estribillo del hit del “Africano” (“MAMI QUE SERÁ LO QUE QUIERE EL NEGRO”) rugió “¡¡¡QUE SE VAYA PINOCHET!!!”. Homenaje a que años más tarde el Puma -hoy vendepatria- defendiera la libertad con “A VECES HAY QUE ESCUCHAR LA VOZ DEL PUEBLO”. Ese sí que era el Festival de los festivales, el que funcionaba como voz, a veces expresa y a veces solapada, de los intereses de los trabajadores chilenos.

Si hilamos más fino, nos daremos cuenta del festival clasista que se trasmite a las familias chilenas. La parrilla programática se define para pobres y ricos, nos aleja de aquellos momentos donde la sensación de diversidad para todos en un día se concretaba: una misma noche de festival se reunía gustos diversos donde Dino Gordillo, Paulina Rubio, Carlos Ponce y el Pollo Fuentes, convergían en la alegría y respeto de toda una quinta Vergara.

Hoy, muy por el contrario, la jornada festivalera segrega lisa y llanamente las clases sociales en uno que otro día, para no molestar las exigencias de un consumidor definido por target. Hay noches cuicas y otras para pobres tal como la versión 2013, cuando el reggaetón y la bachata se concentraron en un día con Romeo Santos y Daddy Yankee, quienes hicieron perrear a la gente que al día siguiente muy temprano debía estar de vuelta en la pega.

Este año no será muy distinto. El jueves 26 el monstruo recibe la cumbia de Noche de Brujas y la apasionada bachata de Romeo Santos. Muy por el contrario, hay días en que la Quinta quiere ser una entrega de Oscar con artistas siempre anglo (en esta edición Cat Stevens))y humoristas de apellido cuico como Arturo Ruiz-Tagle. Puede ser el más fome del mundo, pero es un Ruiz-Tagle, no un Centella. Y cómo olvidar esa clase media que ahorró monedas o pidió un préstamo para llegar a la Quinta en familia, con Vicentico el miércoles 25. Viña nos reafirma que somos un país clasista, con ciudadanos divididos según un target de consumo y más que asistir a un festival de la canción, vamos a la producción televisada del Lollapalloza veraniego.

Seamos sinceros: Viña vale callampa, vendió a su público, a ese bien llamado MONSTRUO que implicaba la fuerza y alegría de los asistentes festivaleros, que emocionados vitoreaban a un artista que se merecía una gaviota o potenciaban el miedo que nos daba cuando subía un humorista con el peligro latente de que muriera al primer chiste.

Qué lástima que hoy ese magno evento quede reducido a un espacio publicitario en donde Entel decide cuantas antorchas y gaviotas entregará.

El festival era chévere, era evento festivalero para compartir entre familia y amigos. Hoy mas bien es para discriminar; y no tan solo por parte de los dueños y su segmentada parrilla programática, sino también por el propio pueblo que le perdió el respeto a los hermanos de países vecinos y sin vergüenza alguna le pifean por el solo hecho de ser extranjeros.

Shakira no lo puede creer, más bien le da vergüenza ver salir las gaviotas en bolsa de cartón y un monstruo que no le da miedo a nadie porque se dejó callar por las redes de la momia recalcitrante. Por esto y más: Festival de Viña que te coma tu monstruo.




4 comentarios sobre “Repudio al Festival para ricos y pobres”


  1. ‘Homenaje a que años más tarde el Puma -hoy vendepatria- defendiera la libertad con “A VECES HAY QUE ESCUCHAR LA VOZ DEL PUEBLO”’

    “Vendepatia” porque repudia el gobierno del psicópata de Maduro?… POR DEFENDER LA LIBERTAD?

    En serio, WTF

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  2. Cuéntenla entera sipo: junto a Cat Stevens y Ruiz-Tagle estará el exalumno de la UC, que agobiado por la presión de las aulas, se pegó un viajecito de varios meses por Europa, de donde se trajo algunos instrumentos, para volver y hacerse conocido gracias a sus redes en medios y a su capital social. Ese día será para que el papá cuico vea a Cat Stevens junto a su hijo universitario que verá al Nano.

    Nada contra él, de hecho, me parece de lo más respetable de “la nueva camada” de la música chilena. Pero no nos hagamos los weones, si se llamara Nano Ancapán, lo hubieran echado del CFT por no tener plata y hubiera aprendido las mismas cosas musicales viendo videos en youtube, estaría en un call center y en sus videos le comentarían “hahaha que flaite y resentido LOL”.

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  3. Siempre fue igual.

    Siempre han dicho que antes era mejor. Siempre han criticado cuando se han dado más o menos gaviotas. Siempre se ha criticado que traigan artistas que no merezcan antorcha. Siempre se ha criticado la calidad del contenido. Siempre ha sido un negocio.

    Siempre critican y rebuznan lo mal que está el Festival, y sin embargo hasta Evo le tiene envidia, y los críticos lo siguen mirando.

    Si quieren matar al monstruo, apaguen la tele.

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