Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño: ¡Viva el real visceralismo!

por Sebastián Flores

Sobre Sebastián Flores

Por Sebastián Flores

De repente se convirtió en una leyenda sin pretenderlo. Es el costo de morirse en el momento más prolífico de una carrera brillante, como Kurt Cobain el ’94 o Ernesto Guevara el ’67. Algunos críticos e intelectuales dicen que si aún estuviera vivo, probablemente sería un candidato recurrente al Premio Nobel de Literatura, aunque a lo mejor no le interesaría para nada ganar un premio de esa calaña, tan cuestionable como el Nobel de la Paz. O quizás sí, quién sabe.

Lo concreto es que Roberto Bolaño es la leyenda más reciente de la literatura latinoamericana. Considerado como uno de los grandes escritores de nuestros tiempos, Bolaño ha dado vida a un fenómeno literario que nace con Los Detectives Salvajes (1998) y explota a nivel mundial con 2666 (2004), sus dos obras más trascendentes, las que abren el recorrido a los iniciados -incluso ni siquiera con haberlas leído, sólo con escuchar el mito que se teje en torno a ellas-. Después uno se interesa en conocer toda la amplia gama de novelas, cuentos y poesía que forman parte del “Universo Bolaño”. Es que parecía que había una nueva esperanza para las alicaídas letras latinoamericanas, decían que estábamos frente al más importante escritor que ha nacido en esta región después del “boom” latinoamericano de mediados del siglo XX.

Detectives por la apasionante búsqueda de Ulises Lima y Arturo Belano para encontrar a Cesárea Tinajero y cambiar el rumbo de la poesía hispanoamericana (1975-1976). Detectives por el seguimiento que se le hace durante más de veinte años (1976-1996) a las huellas de Lima y Belano en su incesante errancia por México, Europa y el mundo. Salvajes porque representan a una generación latinoamericana que pretendía cambiarlo todo, en una época donde las utopías vivían no sólo en los corazones, sino que se respiraban en el ambiente. Salvajes por el espíritu indomable de los integrantes del real visceralismo, movimiento poético que lideran los protagonistas de esta obra que pretendía cambiar el rumbo de la poesía latinoamericana. De cualquier forma, lo más probable es que ninguno de esos motivos sean la razón que da vida al nombre de esta obra. O puede que sí, sólo Bolaño lo sabe (eso al final es lo que lo hace tan atractivo).

En el asiento de atrás del Impala

Tres partes fragmentan el rompecabezas que da cuerda al relato de esta novela. El primero se titula ‘Mexicanos perdidos en México’ (1975) y es el diario de vida de un joven de 17 años, estudiante de Derecho a la fuerza y de nombre Juan García Madero. Poeta García Madero. En este diario íntimo, nos cuenta sobre su acercamiento al real visceralismo, de cómo se hace parte de la pandilla de poetas lideradas por Belano y Lima, de cómo adquiere sus primeras experiencias sexuales al mismo tiempo que da sus primeros pasos literarios y de cómo finalmente huye junto a Lima, Belano y Lupe -una prostituta perseguida por su cafiche- a bordo de un Chevrolet Impala modelo 1975, en busca de las huellas de Cesárea Tinajero, rumbo al norte de México.

La pura estructura narrativa de la obra ya merece de por sí el reconocimiento de que se está frente a un talento sobresaliente. En la segunda parte, llamada ‘Los detectives salvajes (1976-1996)’ se desarrolla el desenlace que tuvieron los protagonistas a lo largo de veinte años después de los sucesos principales del libro. Como en una narración coral, más de sesenta voces relatan en primera persona las aventuras y desventuras de los protagonistas, en formato ahora de testimonio, cómo si un detective no identificable los entrevistara en alguna fecha y algún lugar de México, Europa o el mundo. Entrevistador tácito, entrevistador ficticio, pues casi en ningún momento se le hace mención al interlocutor que anda tras las huellas de Arturo Belano y Ulises Lima durante largas dos décadas. Siempre un paso más atrás de ellos, nunca encontrándolos.

La tercera parte y final, ‘Los desiertos de Sonora (1976)’, cuentan el desenlace que explica los sucesos de la segunda parte. Regresa Juan García Madero a relatarnos en su diario el viaje sobre el Impala. En una búsqueda de más de un mes por el desierto –al tiempo que huyen de Alberto, el cabrón de Lupe-, los héroes dan con el paradero de la poeta Cesárea Tinajero, la medre del real visceralismo, la que dio razón de ser a sus inquietudes literarias. Después de eso todo es un torbellino de sucesos que concluye en un final que deja todo abierto, que no explica nada y a la vez lo explica todo, concluyendo la historia en la mitad del tiempo cronológico, deconstruyendo la temporalidad y dejando espacio a mil interpretaciones.

¿Qué hay detrás de la ventana?

A simple vista, la segunda parte de esta novela podría parecer prescindible, accesoria si se piensa en función del relato lineal (a excepción del testimonio de Amadeo Salvatierra, en enero de 1976, que articula la primera y tercera parte). Pero acá no existe la linealidad, todo es un círculo constante, fragmentos de un todo mayor en un caos sistemático. La genialidad de Bolaño logra construir narraciones dependientes y a la vez independientes. Muchos de los testimonios se pueden leer como pequeños cuentos, en algunos incluso Belano y Lima son secundarios, pero articulan la huella general del trayecto nómada de los poetas viscerrealistas durante 1976 y 1996.

Esa misma errancia, ese vagabundeo por el mundo, es uno de los ejes centrales de esta obra, donde se busca retratar el desarraigo, las patrias perdidas, la no-pertenencia a ningún lugar. Tal como el mismo autor, que no se reconoce ni chileno ni español ni mexicano: se reconoce como latinoamericano. Mismo sincretismo cultural que le permite hacer genialidades con su pluma, regalando magia en cada párrafo, encarnando a cada personaje con un estilo creíble, pasando de la alta cultura a la baja cultura como si nada.

Los Detectives Salvajes no son ni detectives ni salvajes. Son apenas simples mortales en busca de la redención en vida, héroes de un proyecto fallido que ni siquiera finaliza, simplemente se desvanece. Extraviados en su propia tierra, mártires de una búsqueda que no le interesa a nadie y que probablemente no tiene ninguna relevancia más que para ellos mismos. Como la publicación de los dos números de la revista ‘Lee Harvey Oswald’, como el único ejemplar de ‘Caborca’. Movimientos que no trascienden a niveles macro, que se pierden en el remolino de una sociedad homogenizada, pero que pueden ser rescatados por un puñado de sujetos para transformar esas ideas en una razón para existir. Los héroes tienen intenciones modernas, pero terminan fragmentados. Ni siquiera derrotados, simplemente perdidos. Vivos, pero con nuevas motivaciones. Por eso el real visceralismo puede morir, mas nunca el espíritu que permite que éste exista.

1998 / Novela / Editorial Anagrama / 609 páginas



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