Soy víctima de violencia de género sicológica

por Catalina Parada

Sobre Catalina Parada

Quiero decirles que me da mucha vergüenza y pena verme en este minuto sentada escribiendo esto. Es un dolor que llevo por muchos años y hay detalles que ni mi familia ni mis amigos conocen. Detalles que no quise contar porque me hacen sentir tonta, me hacen verme como una estúpida y sé que va llegar el juicio social después de esto. Quizás por mis actitudes, quizás por mi silencio.

Soy víctima de violencia de género desde hace muchos años.

Cuando todo empezó yo ni siquiera sabía lo que era la violencia de género, era una niña, tenía 17 años. Conocí a un joven en una fiesta, quien me sedujo y empezamos una relación horrible. Él, a los 18 años, ya tenía dos hijas y me propuso ser su pareja a espaldas de la mamá de sus hijas. Miro hoy a esa niña ilusa y me dan ganas de gritarle que está cometiendo el peor error de su vida, que esa no es una relación sana, que yo la puedo ayudar a levantar su autoestima y que no tiene que aceptar una relación así. Pero nadie dio ese grito. Así partió una relación de abandono, humillaciones y malos tratos que nunca fueron manifestados en un golpe o un grito, como solemos reconocer la violencia, sino que en la manipulación, el engaño y la dominación. Quiero pedirle disculpas a esa compañera a la que le jugué chueco.

Logré salir de ahí haciendo lo mismo que él: engañando. Nunca entendí por qué me mimeticé con su violencia. Pero pasó el tiempo y me buscó, aunque esta vez no vi ilusiones, ni una relación, solo me metí con él y de ahí nació lo único bueno que me ha traído esta historia: mi hijo. Yo no quería ser madre, tenía 21 años y estaba en la mitad de mi carrera, solo asumí por un alto sentido de la moral y hacerme responsable. No quiero hablar de aborto, fue una idea que no pasó por mi cabeza por mi creencia católica de ese minuto, iglesia que más tarde trató de impedir mi sacramento de la confirmación por tener guata. De más está decir que ya no comulgo con el catolicismo.

El que sí pensó en aborto fue el papá de mi hijo. Al ver mi negativa me ofreció apoyo, pero siempre escondido, porque su familia no podía saber que existía un tercer hijo. Ahí me quedé yo, con un hijo que crecía en mi vientre, viviendo sus leyes del hielo, desapariciones por semanas e incluso viviendo crisis de angustia por correos donde él me mandaba mensajes diciendo que se iba a suicidar y no lo buscara más. Un par de días y escribía como si nada hubiera pasado. Al nacer mi hijo, me dejó sola y tuve que batallar con amenazas e insultos de él y de su pareja de ese entonces, con quien empezó una relación casi en el término de mi embarazo, tratando a mi hijo de guacho, a mí de prostituta, de poblacional (origen humilde que llevo con orgullo, porque mi abuelo, operario y dirigente sindical, fue un ejemplo a seguir en rectitud y honestidad; mi familia materna, comerciantes muy trabajadores de las ferias libres, son las personas más generosas que conozco). En ese momento entré en una profunda depresión que levanté estudiando y trabajando. No recuerdo mucho de ese tiempo, sí recuerdo el poco apoyo de mi madre y la pasividad de mi padre, recuerdo como yo misma fui alejándome de la gente que me quería ayudar, porque cada insulto calaba tan hondo en mi persona que no tuve fuerzas para pedir ayuda y me terminó aislando. También recuerdo un día en que este hombre me pidió que habláramos y me pidió en agosto que nos juntáramos en su casa. Estuve una hora esperándolo afuera, con mis pechugas con la poca leche que me salía producto de la depresión clavándome por el frío. No me atendió, me dejó en la calle, humillada.

Por maltratos de mi madre y agresiones psicológicas de este tipo, llegué al Sernam, al Centro de la Mujer de Macul, donde conocí a otras mujeres maltratadas y aprendí que esto se llamaba violencia. A duras penas y con ayuda de psiquiatras, psicólogos y terapia grupal, logré irme a vivir sola y empezar mi vida. Pero él siguió rondándome y un par de veces volvió a “recuperar” a su hijo, repitiendo lo mismo de siempre: aparecer, conquistarme, desaparecer, manipular. Cada vez me dejaba peor y no me permitía avanzar. Me criticaba mi forma de vestir, mi poco gusto por el maquillaje, me solicitaba ropa interior a su gusto y no respetaba mi parecer. Yo nunca voy a entender por qué tuve tantas recaídas con un ser humano así, si ni siquiera me he sentido enamorada nunca de él.

En una de esas idas y vueltas, soportando sus agresiones, conocí a un compañero que más tarde inició una relación conmigo. No fue perfecta, no fue formal, no perduró en el tiempo, simplemente fue algo bonito y sano. Me dio todo el apañe que necesitaba para valorarme como mujer. Ahí me di cuenta de cómo eran las relaciones realmente y pude cortar hilos con mi agresor. Recuerdo el día exacto en que me pedía un video sexual y yo me negué. Estaba bajando la escalera de mi trabajo mientras le respondía sus correos, cada correo que me decía que no me hablaría más, yo sentía felicidad y libertad.

Pensé que todo había acabado, pero este año volvió. Ahora mi hijo tiene 8 años y vino con su discurso de siempre. Le creí de nuevo y traté de darle una oportunidad de que todos estuviéramos bien, quizás formar una familia. Sin embargo, el machismo que se le sale por los poros y nuevamente críticas a mi forma de ser, hicieron que decidiera cortar cualquier intento de estar juntos. Ahora ya no era la misma niñita, ya me valoraba y si había decido darle una oportunidad, ya no iba a tolerar cosas. Ahí empezó mi calvario. Dejó de venir a ver a mi hijo y mi hijo, por primera vez, se dio cuenta de lo que estaba pasando. Decidí ponerle orden al asunto y lo demandé para que reconociera a su hijo. Ya no más niño escondido, ni hacer y deshacer con sus responsabilidades de padre. Me aburrí que la paternidad sea una opción y ser cómplice de aquello. Tiene dos hijos más después del mío (en total son 5 hijos) y me duele ver que haga diferencias.

Esa demanda fue mi calvario, desde ese día tengo mi celular y correo lleno de mensajes que van desde amenazas a nosotros, hasta extorsiones sexuales, donde me pide sexo a cambio de ver a nuestro hijo. Al trabajar en una compañía de teléfonos, bloqueó mi equipo celular para también pedirme favores sexuales a cambio del desbloqueo. Si me niego a sus peticiones, me culpa a mí de no querer hacer las cosas por la buena, que estoy decidiendo que no vea a nuestro hijo con mi actitud.

Hoy lo denuncié en la PDI gracias a mis compañeros y compañeras de trabajo. Al hacerlo, me dijo que todas las amenazas y extorsiones eran para que justamente yo lo denunciara y así poder alejarse de nosotros. No sé qué mente enferma puede pensar que eso es una buena idea. Tampoco entiendo cómo siempre logra dar vuelta las situaciones y hacerme quedar a mí como una loca, como la equivocada.

Hoy me siento triste y vulnerable. Siento que en cualquier minuto me puede venir a agredir. Tengo miedo de ser violada, tengo miedo de recibir mensajes. Pero al mismo tiempo siento el cariño y apoyo de toda la gente que me rodea, de mis amigos, de mi familia y de mis colegas. Tengo la necesidad de hacerlo público porque siempre hablamos de mujeres que son golpeadas, pero nunca hablamos de las que somos maltratadas psicológicamente y que vamos por la calle sin las heridas visibles. Sé que expongo mucho en este texto, pero no me puedo quedar callada. Lo siento, pido disculpas el dolor que le causaré a mucha gente que me quiere, y quizás el dolor que le haga sentir a las personas lo rodean. Lo siento, la palabra es mi única arma para defenderme: tengo miedo de que esto avance y ser “una más”.




6 comentarios sobre “Soy víctima de violencia de género sicológica”


  1. Querida Catalina,

    Me conecté mucho con tu historia. Ninguna mujer debería vivir una vida violenta. Un paso es reconocer la situación que estás viviendo y decidirte a salir de ahí. Las respuestas ante la violencia son diversas, y no hay víctima ideal, solo personas que intentan mantenerse a flote. Para mí eres una sobreviviente. Espero que de aquí en adelante recibas todas las fuerzas de las cientos de miles de mujeres que han luchado para que nosotras vivamos vidas mejores, y que ese sacodewea te deje de molestar.

    Muchos cariños,

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  2. La Corin Tellado

    Pucha amiga, sé a lo que te refieres cuando hablas de maltrato psicológico, de weones manipuladores, posesivos, en fin. Sé que es un jodido infierno del que no ves manera de salir. Pero hay que salir. Le saqué al tiro el rollo a tu ex con todo lo que has descrito en esta entrada. Mándalo a la chucha. Denúncialo, que no se las lleve peladas, y a la mierda con el juicio social, que es siempre un juicio que surge desde la ignorancia.

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  3. Maria Jesus

    Realmente a segundos de empezar a leer tu historia me senti muy identificada, me paso algo similar, pero yo lo corte, talvez no a tiempo, pero lo hice. CUESTA MUCHO y eso es lo que la gente no entiende, saben manipular, saben como hacer que les vuelvas a hablar y les vuelvas a creer… es muy dificil no volver a caer. Mucha fuerza de verdad! Mucho amor!

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  4. sigue adelante en tu lucha, lamentable la sociedad machista que existe,
    la falta de cultura, de humanidad en la que estamos inmersos.
    Tu historia no es la única que existe y seguirá existiendo mientras no se tome conciencia desde el hogar.
    Se da mas frecuentemente del hombre a la mujer,
    pero hay en menor medida de la mujer al hombre
    (lo digo porque me pasó a mi como hombre), no justifico ninguna,
    solo quiero manifestar mi apoyo desde mi trinchera virtual,
    en la que las palabras intentan darte un consuelo, un aliento,
    a seguir adelante a no cometer los errores nuevamente
    menos en la crianza de tu hijo que algún dia crecerá,
    amará será pololo, padre etc. y que logre ser un hombre muy distinto a como fue su padre.

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